Escena uno: Una de mis jóvenes estudiantes, a punto de graduarse bachiller, pregunta inquieta en mi muro ¿qué tiene de malo decir “mi negro”?
Escena dos: una hermosa mujer, reina en su departamento, sube una fotografía a una red social contenta porque su “disfraz” será de afrodescendiente.
La escena tres, póngala usted.
Título de la película: el racismo nuestro de cada día.
Las construcciones simbólicas en torno a la diferencia étnica
y la reproducción cotidiana del exotismo, el trato racializado y la negación del
peso histórico de las identidades étnicas evidencian la distancia inmensa que
todavía se debe recorrer para hacer realidad el reconocimiento pluriétnico y
multucultural de Colombia; más allá del pastiche mediático y del figuracionismo
en códigos, leyes y decretos que no logran, no pueden por sí mismas, transformar las
realidades en las que “negro” y “afrodescendiente” siguen siendo construcciones
imaginativas en disputa.
