Hacer humor es una cosa sería. Quienes se toman como un chiste la diferencia étnica, las identidades de género, las identidades sexuales, las discapacidades o disfuncionalidades, deberían volver a pensar no sólo la forma de sus expresiones humorísticas sino igualmente su contenido y sus repercusiones.
Tal vez ciertas formas de humor resultaran tolerables en los viejos tiempos, cuando todo valía. Entonces, las mujeres - condenadas al ámbito de lo doméstico - apenas si importaban a la discusión de lo público, bajo el supuesto con contenido bíblico de su indiscutida subordinación al marido, al macho; al hombre. En esas épocas, las personas con orientaciones o identidades sexuales diversas, pasaban de agache, silenciosas y vergonzantes frente a quienes, closet afuera, se consideraban a sí mismos normales. De tales calendas, quienes advertían su diferencia étnica para nada importaban a la opinión pública en un país que ni siquiera había accedido a concederles como propia su identidad cultural o reconocimiento de derecho alguno.

