No sólo sorpresa sino decepción causa el que en la contienda
política por la Alcaldía de Medellín las diferentes campañas hayan minimizado y
prácticamente evitado darle significación a la participación poblacional
afrodescendiente en la ciudad. De hecho, el que al menos 236.000 personas,
según una reciente caracterización financiada por el gobierno municipal, se reconozcan como
afrodescendientes en este municipio no parece que haya importado
sustancialmente a ninguna de las candidaturas, pese a que la CNOA, Convergencia
Nacional de Organizaciones Afrocolombianas, intentó promover, infructuosamente, un encuentro con las mismas.
Ello nos lleva a preguntarnos si resulta precaria la
participación electoral afrodescendiente en la ciudad; o si, por el contrario,
las maquinarias políticas tradicionales han logrado cooptar y conservar
amarrada tal porción electoral.
De hecho, es sintomático que buena parte de los entrevistados por Piero
Rivas Maldonado para su trabajo de grado en Ciencia Política (aun en asesoría),
afirmen que la participación política afrodescendiente en la ciudad es nula, precaria
o insuficiente al considerar poco representativa su presencia e
incorporación en los diferentes gobiernos por elección popular gestados hasta
ahora. Para algunos de los participantes en tal ejercicio de investigación, las
y los afrodescendientes ni tienen ni han alcanzado una fuerza que les permita
deliberar y tomar decisiones, por lo que terminan por ser útiles a las estrategias
electoreras de los movimientos políticos en la ciudad.

