El rasgo más decepcionante de la pasada contienda electoral, revisados los resultados para las circunscripciones de los pueblos étnicos, es el creciente y manifiesto nivel de cooptación de las curules afrodescendientes e indígenas por el camuflaje que las fuerzas políticas tradicionales han impreso sobre la faz de quienes, tras la evidencia formal de pertenecer a dichos grupos, encarnan proyectos políticos al margen de las luchas y causas históricas en sus movimientos.
Mostrando entradas con la etiqueta participación política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta participación política. Mostrar todas las entradas
jueves, 15 de marzo de 2018
domingo, 7 de julio de 2013
Las ciudades también van al Congreso
Con pasmosa notoriedad se comprueba cotidianamente que la imagen mediática
e institucionalizada de las y los afrodescendientes en Colombia suele representarse
con la ruralización y las formas ribereñas, isleñas y litorales que asumen los
trazos identitarios de quienes provienen de dichas regiones en el Pacífico y el
Caribe. Tal imagen contrasta con una evidencia palmaria que nos informa que, hoy, 7 de cada 10 personas afrodescendientes han nacido, se encuentran residenciados
o han reconfigurado su existencia en las ciudades.
Frente a tal dato, advertimos igualmente que aquellos municipios con mayor
población afrodescendiente como Cartagena, Buenaventura, Tumaco, Turbo y Quibdó
son centros poblados altamente densificados al igual que Cali, Medellín y Bogotá;
es decir, ciudades, lo que de suyo debería significar una consistente
advertencia sobre el carácter urbano que informa con igual potencia la
construcción identitaria afrodescendiente en el país.
Este asunto cobra mayor vigor en vísperas de la realización del Congreso
Nacional Afrocolombiano a realizarse en Quibdó a finales del mes de agosto,
congregando a Consejos Comunitarios de territorios titulados, no titulados y
ancestrales; así como a organizaciones, redes y articulaciones del movimiento étnico afrodescendiente en el
país. Esta será una oportunidad histórica, única y propicia para nutrir de
contenido político al proceso étnico, si logra retar y contener la voracidad burocrática
de viejos liderazgos, declararse autónomo frente a la arremetida gubernamental
y fortalecer los lazos de hermandad entre las diferentes expresiones y
tendencias gestadas en el proceso de articulación del pueblo afrodescendiente
en Colombia.
sábado, 22 de septiembre de 2012
¿Sin mérito para gobernar?
El Presidente Juan Manuel Santos tuvo una muy desafortunada, pero bastante diciente salida en falso, cuando un oyente de su programa “en línea con el Presidente” preguntó por la razón de que en su gabinete no haya ministras o ministros afrodescendientes. Santos, quien calcula muy bien las palabras que dice -como el buen jugador de poker que ha demostrado ser, se mostró bastante vacilante para afirmar que tal ausencia no es producto de una decisión racista o discriminatoria; dejando entrever, palabras más o menos, que aquí o en el exterior no encontró un afrodescendiente colombiano de mérito para tales cargos: “Los afrodescendientes no deben estar en el gabinete por negros, por afrodescendientes, sino por sus propios méritos y en eso … creo que… es mucho más sano. Hay mucha gente que está contratada en el gobierno, eh, afrodescendientes que son grandes trabajadores…Lo mismo me pueden decir que por qué no hay ministros de tales sectores, por qué no hay ministros de tales regiones del país..Simplemente porque uno tiene que cuadrar diferentes cualidades, diferentes características…para poder armar… es bien complicado…un gabinete… pero tenga la seguridad que no es producto de una falta de interés”[1].
Por lo menos identificar a los afrodescendientes como grandes trabajadores contribuye a romper con el prejuicio según el cual somos perezosos y haraganes a quienes no conduele la molicie, según ventilaron con furor las viejas élites nacionalistas por más de siglo y medio de vida republicana[2]. Sin embargo, lo que resulta problemático en tal versión es que el Presidente afirma que en el gobierno hay afrodescendientes buenos para trabajar pero no para dirigir o liderar los asuntos de la nación.
Santos afirma igualmente que a un gabinete la gente no debe llegar por su color de piel y está en lo cierto. De hecho, también opinamos igual; pero ello no responde a la evidencia de por qué todo su gabinete está conformado por personas euromestizas, sin que en ninguna de las altas dignidades civiles o militares en su gobierno figure un indígena o un afrodescendiente. Frente a ello, personalmente no creo ni veo ni escucho en los encuentros, reuniones y eventos a los que asisto o me invitan, que haya un solo profesional militante en el movimiento afrodescendiente que aspire a un cargo de autoridad y liderazgo sólo por el hecho de portar un determinado color de piel. Por lo contrario, muchos; altamente especializados, sí se duelen de tener las cualidades suficientes y necesarias para ocupar ciertos cargos y delegaciones sin que hayan logrado acceder a ellos precisamente por la carga ideológica, simbólica y prejuiciada que los decisores asocian todavía al color de la piel.
Tal situación evidencia que seguir insistiendo en que afrodescendencia y piel oscura son sinónimos lo único que produce es la perpetuación de discursos estereotipados con los cuales los gobernantes y decisores, para posar de pluralistas e incluyentes “muestran” a una figurita acomodaticia que en algunos gobiernos locales, en los departamentos o a nivel nacional pueda “posar” como representante de quienes no representa. ¿Un ejemplo? La administración municipal de Medellín al presentar su borrador de plan de desarrollo en el foro del CTP con afrodescendientes llevó al director de Telemedellín, Mauricio Mosquera, a hacer ese trabajo; tal vez pensando en que era la única persona en dicho gabinete con la piel suficientemente oscura para la ocasión.
En el mismo sentido puede pensarse en cómo cuadros partidistas locales, regionales y departamentales, aupados no pocas veces por liderazgos al interior del movimiento, activan electoralmente a las y los afrodescendientes porque resultan bastante útiles para ganar elecciones, ponerle número a sus programas y proyectos y generar réditos corporativos; con muy poca o ninguna preocupación por los impactos de los mismos en la transformación de los graves problemas padecidos por largo tiempo en territorios rurales, ribereños, litorales y urbanos.
Muy seguramente la cooptación del liderazgo afrodescendiente por los partidos tradicionales y fuerzas políticas regionales haya promovido un nivel de ajuste de las relaciones de poder que, convenientemente, asigna a estos cargos de postín, dignidades fatuas y recursos (y no pocos) con los cuales alimentar a sus clientelas; extendiendo a la dimensión étnica las prácticas mecanicistas de apropiación, distribución y mecenazgo de los recursos públicos y promoviendo la fragmentación como la mejor estrategia para contener el demoledor peso que tendría un electorado étnico motivado y articulado a un proyecto identitario con amplia figuración.
Ello lleva a preocuparse y a levantar las alertas; más que por ver un “negro” en la foto ministerial, porque las y los afrodescendientes necesitamos entender que las dinámicas de poder se escenifican de manera concreta en los espacios en los que, para disputarlo, habrá que renunciar a dádivas y prebendas personalistas para aspirar a interpretar y significar política y electoralmente causas de profundo calado que contribuyan a transformar las condiciones reales de opresión, injusticia, marginalidad y pobreza contra las cuales luchan a diario en campos y ciudades las gentes de nuestro pueblo.
En vísperas del decenio afrodescendiente y a las puertas de la conmemoración de quinientos años de figuración identitaria, invención étnica y resistencia libertaria de África en su descendencia americana, nuestro quehacer como movimiento étnico afrodescendiente en Colombia requiere rechazar actitudes exclusivistas como la que expresa un gabinete monocromático; tanto como denunciar el oportunismo, la rapiña y la voracidad de quienes han impedido que se concrete un proyecto social, cultural y político con el cual afianzar la presencia, visibilización y permanencia étnica afrodescendiente en el país.
Más que nunca, hoy nuestro deber apunta a derrumbar las posturas y prácticas personalistas y oportunistas que han obstaculizado el fortalecimiento de este movimiento, acrecentando su fragilidad; con lo que han permitido a quienes detentan el poder desoír cuando quieren las graves demandas de nuestro pueblo a lo largo y ancho del territorio colombiano.
¡Mayimbe para afroamérica!
--------
[1] Caracol Radio. “Afrodescendientes no deben estar en el gabinete por negros sino por sus méritos: Santos”. Septiembre 21 de 2012. Transcripción del audio en Página web de Caracol radio: http://www.caracol.com.co/audio_programas/archivo_de_audio/afrodescendientes-no-deben-estar-en-el-gabinete-por-negros-sino-por-sus-meritos-santos/20120921/oir/1765326.aspx. Basta seguir los numerosos y enconados comentarios de los oyentes y lectores de prensa para advertir que este asunto no es de poca monta en el país. Véase: http://www.elespectador.com/noticias/nacional/articulo-376452-meritos-y-no-color-de-piel-santos-escogio-su-gabinete
[2] El discurso de las élites en Colombia ha servido para implantar un imaginario de dominación según el cual “Nuestra raza proviene de la mezcla de españoles, de indios y de negros. Los dos últimos caudales de herencia son estigmas de completa inferioridad” Respecto de los afrodescendientes, tal estereotipia se radicaliza afirmando que “El espíritu del negro, rudimentario e informe, como que permanece en una perpectua infantilidad. La bruma de una eterna ilusión la envuelve y el prodigioso dón de mentir es la manifestación de esa falsa imagen de las cosas, de la ofuscación que le produce el espectáculo del mundo, del terror de hallarse abandonado y disminuido en el concierto humano”. Laureano GÓMEZ. Interrogantes sobre el progreso de Colombia. Minerva, 1928, p. 44 y 48 respectivamente.
domingo, 4 de marzo de 2012
Modelo clientelar y desarrollo local: un reto para el movimiento afrodescendiente en Colombia
Con más frecuencia de lo
imaginado, quienes participamos de procesos de diálogo y concertación política
en diferentes escenarios relacionados con la vivencia y significación de la
afrodescendencia, especialmente aquellos de incidencia en la gestación e
implementación de políticas públicas debemos absolver la inquietud, no siempre
ingenua, de quienes insistentemente nos preguntan por qué a los
afrodescendientes siempre (dicen) nos ven desunidos y desorganizados, mientras los
indígenas se ven tan unidos y “han logrado tantas cosas en tan poco tiempo”.
Sumado a ello, quienes así nos interpelan, funcionarios públicos habitualmente,
apostillan reiterando que “es tan difícil organizarlos” como si tales dinámicas
fueran de su resorte.
Sin embargo, retirando de
la pregunta lo que de maniqueísmo y desconocimiento histórico comporta tan
estéril reclamo comparativo y eliminando la necesidad de que las diferentes
expresiones organizativas afrodescendientes se recojan de modo ramplón en un unanimismo
dictatorial, resulta fundamental que nos preguntemos por la calidad de nuestros
procesos organizativos, su capacidad de incidencia y la urgencia por
desmantelar viejas prácticas de personalismo y clientelización instaladas a lo
largo de siglos practicando la máxima de dividir para vencer; en el propósito
de gestar condiciones para la instalación de instrumentos públicos de
incidencia consistente en el desvertebramiento de desigualdades e injusticias
institucionalizadas y estructurales.
Etiquetas:
afrodescendencia,
afrodescendientes en la ciudad,
Arleison Arcos,
clientelismo,
desarrollo local,
participación política,
partidos políticos
domingo, 5 de febrero de 2012
El planeta afrodescendiente
Me niego rotundamente
a negar mi voz,
mi sangre y mi piel...
Empieza este 2012 la ambientación para el decenio de la
afrodescendencia, marcado por un fuerte debate en torno a la diáspora africana
por el mundo; anticipando las discusiones en torno al avance en el cumplimiento
de los Objetivos del Milenio[1].
Esta confluencia abre una inmensa oportunidad para concitar acciones
organizativas, movilizatorias y formativas en perspectiva afrodiaspórica e
intercultural; así como para definir políticas públicas que eliminen las
barreras de indignidad con las que se sostiene a millones de afrodescendientes
al margen del disfrute de beneficios societales e incluso por fuera del marco
garantista de derechos civiles, políticos, sociales, económicos, culturales y ambientales;
especialmente quienes padecen las inclemencias del desplazamiento.
sábado, 14 de enero de 2012
Una terna sin igual
sábado, 7 de enero de 2012
Deuda étnica en los gabinetes de gobierno
Estoy poseído por un impulso de tocar las nubes
Niyi Osundare
Niyi Osundare
Una vez presentados los
nuevos gabinetes, lo sorprendente no es la ausencia de afrodescendientes en los
gobiernos locales de las grandes ciudades. Lo realmente espeluznante es que pareciera
persistir la intención de no contar con afrodescendientes en dichos gobiernos,
pese a que la reciente encuesta de LAPOP[1] indica que los colombianos,
frente a otras nacionalidades, tienen actitudes menos prejuiciadas hacia las y
los afrodescendientes y que incluso una porción significativa de colombianos
vería bien tener un jefe afrodescendiente.
Reconociendo los muy notorios
avances en la designación de 17 mujeres de reconocida valía y trayectoria al
frente de diferentes dependencias públicas en la Gobernación de Antioquia y la
Alcaldía de Medellín, destaca el hecho de que ninguna de ellas sea
afrodescendiente y que, junto a ellas, no haya un solo secretario
afrodescendiente responsable de carteras en el departamento o en la capital
antioqueña.
sábado, 5 de marzo de 2011
PARTICIPACIÓN POLÍTICA AFRODESCENDIENTE EN COLOMBIA: ¿Un sujeto político en construcción?
La noche imprimió su manto sobre mi epidermis. Aún blanquean los huesos de mis antepasados en las bóvedas de Cartagena, por darle la libertad a muchos blancos de conciencia negra.
Luís Antonio Robles
Al respecto, además de advertir que los pueblos no son leyes, habría que considerar las condiciones históricas que limitaron la participación de liderazgos reconocidos como afrodescendientes en las organizaciones y corporaciones públicas; al tiempo que incidieron en la configuración fragmentaria del electorado afrodescendiente en un país como Colombia que, al gestar su proyecto nacional, incluyó cuantitativamente a los antiguos esclavizados y sus descendientes a condición de liquidar en la comprensión de la nacionalidad la vinculación simbólica e identitaria con África y asignando la imagoloquía[1] del desposeído para los nuevos ciudadanos cuya individualidad, territorialidad y colectividad estaría marcada en adelante por el estigma de la esclavización y el folclorismo: No por azar pobreza, marginalidad y déficit de atención pública se concentran fundamentalmente en las poblaciones y regiones con población mayoritaria afrodescendiente, excluidos como lo han estado de los beneficios de la asociación política nacional, gestando barreras muy visibles que contienen el acceso a “la igualdad de oportunidades que mejoren las condiciones de vida”[2].
En la construcción legal, parecería que a la esclavización sobrevino, simple y llanamente, un estadio existencial posesclavista, periodo en el cual “con las consideraciones formales de ‘igualdad jurídica’ para las ciudades del siglo XIX desaparecieron aquellas referencias en los documentos por lo cual resulta especialmente complejo diferenciar el grupo negro de los demás que conforman la sociedad”[3] . Tal lectura da cuenta del tratamiento nugatorio con el que la sociedad nacional dibujo – desdibujó la presencia afrodescendiente en Colombia, país en el que la promoción de la estancia acrítica y el silenciamiento público de las etnias no logra, sin embargo, atomizarlas. Por ello, si se considera que desde 1851 los avances legislativos con referencias a la población afrocolombiana resultan prácticamente inexistentes, a excepción del reconocimiento legal de acuerdos y pactos internacionales[4], la incorporación de la diversidad étnica al contexto constitucional colombiano y la articulación de legislación específica que ha representado la ley 70 de 1993, así como la ley 649 de 2001 se constituyen en hitos emblemáticos de las conquistas del movimiento político afrocolombiano en construcción; más allá incluso del manido reconocimiento formal del país como pluriétnico y multicultural .
Pese a que han figurado en momentos diferentes de la política nacional personas de la talla de Luís Antonio Robles (fallecido el último año del siglo XIX), Diego Luís Córdoba, Manuel Zapata Olivella, el infatigable Juan de Dios Córdoba o la persistente Piedad Córdoba, entre otros y otras que suman su nombre y sus acciones y su participación en partidos y movimientos tradicionales y en la representación étnica por circunscripción especial; pareciera que en el discurso del republicanismo sus voces y los espacios conquistados aun resultan insuficientes y minúsculos comparados con los retos de articular nuestra nación como un escenario político diverso y en reclamo de interculturalidad.
Si bien esta situación no es exclusiva de Colombia, resulta claro que la vocación de poder de las organizaciones y liderazgos del pueblo Afrodescendiente no termina de consolidarse en un país con un precario marco de acción institucional favorable al reconocimiento étnico. Así, tal como afirma la economista y política afrodescendiente Epsy Campbell, de Costa Rica, “Si bien es claro que el derecho a elegir, en la mayoría de los casos se ha logrado; el derecho a tener espacios de poder reales, que garanticen una verdadera representación, debe ser profundizado con una participación activa en pie de equidad de los y las ciudadanas, sin distingo de raza, clase y sexo”[5].
Cuando se revisa la literatura especializada; pareciera que en Colombia los afrodescendientes empezaron a existir políticamente a partir de la Constitución de 1991 por la que se hace un reconocimiento de la diversidad étnica y cultural del país, gestando condiciones de representación política de las etnias como minorías con participación en el Senado para las comunidades indígenas y en la Cámara de Representantes para el grupo étnico afrodescendiente, instalando tal representación en el conjunto de la circunscripción electoral especial, de la cual hacen parte igualmente los colombianos en el extranjero y la fracción de partidos minoritarios.
Resulta claro, sin embargo, que antes de la legalización de dicho espacio de representación, la vinculación de los liderazgos comunitarios a las organizaciones políticas y movimientos sociales de origen campesino y sindical no sólo constituyen evidencias de la vinculación Afrodescendiente a la marcha política nacional sino igualmente rutas que develan los procesos organizativos de las comunidades y sus liderazgos en episodios históricos como el de la defensa del territorio contra una empresa extranjera extractora de oro en la región del Tapaje, temprano en los años 30, así como las movilizaciones étnicas ocurridas en las décadas que anteceden al nuevo proceso constitucional colombiano, asociados a sonados e importantes paros cívicos de impacto nacional marcados en buena medida por la gestación de la Alianza Nacional Popular, ANAPO y la presencia organizativa de los denominados Curas de Golconda, liderados con el obispo de Buenaventura, Gerardo Valencia Cano[6]; así como acciones de reivindicación y movilización por el derecho a la tierra[7], de contenido laboral y la organización sindical, enarbolando en buena medida la bandera socialista al interior del partido liberal colombiano. En este periplo, los círculos de estudios se convertirán igualmente en la puerta de maduración de una intelectualidad Afrodescendiente con formación universitaria y participación en los debates políticos nacionales, aunque no se gestarán de manera inmediata organizaciones políticas de contenido étnico diferenciadas de las de los partidos tradicionales o del partido comunista.
No obstante, para la década del 90, la gestación de la circunscripción especial nos permite preguntarnos por la constitución de un sujeto político afrocolombiano, sus características y los retos que presenta la relación etnia y poder político para los afrodescendientes en el país, considerando que, si bien el nuevo escenario constitucional y legal resulta señero a la hora de proveer de visibilidad legal y redefinir las relaciones las y los afrodescendientes, sus organizaciones y el Estado, tal escenario no subsume enteramente en lo organizacional la globalidad de los asuntos étnicos, su simbolización y su distinción con relación a los espacios institucionales[8]. En últimas, la pregunta es si por fuera de la constitución y la ley existen comunidades afrodescendientes o un grupo étnico afrocolombiano.
Mientras para Manuel Zapata Olivella, la proliferación de listas por estos dos escaños en la Cámara de Representantes evidencia el sentido político[9] imperante en las comunidades afrodescendientes, para el politólogo Fernando Giraldo tal manifestación evidencia la dispersión por la que “la población negra aun no ha logrado ser representativa en los diferentes ámbitos del estado colombiano”[10], al punto que una de las líderes de la CNOA, Conferencia Nacional de Organziaciones Afrocolombianas, afirma que “el movimiento social afrocolombiano no está en condiciones de igualdad con los distintos grupos sociales que se movilizan para solicitar la intervención del Estado. Tampoco cuenta con partidos políticos, gremios o grupos de presión que sean verdaderos mediadores políticos para filtrar, codificar y agregar demandas de sus ‘bases’. Para camalizarlas hacia el sistema político bajo la forma de un ‘programa’ o un pliego de peticiones, le toca apelar en primer lugar a los mediadores sociales, representantes particulares que, por su posición estratégica o por su aura personal, disponen de una legitimidad importante”[11].
Sumado al asunto de la representatividad se encuentra igualmente en de la proporcionalidad: La participación política afrodescendiente se enfrenta al hecho de que el lenguaje jurídico homologa al grupo étnico afrodescendiente como una minoría. Aparte de los problemas conceptuales que implica situar en coordenadas culturales una categoría electoral, resulta claro que el desconocimiento respecto de cuántos somos las y los afrodescendientes en Colombia coincide con una práctica política que insiste en aminorar la representación real de esta población.
Así, tomando solamente la cifra oficial del censo de 2005, si se tiene en cuenta que la proporción de la población reconocida como indígena frente a quienes se autorreconocen como afrodescendientes, afrocolombianos o incluso ‘negros’, no queda claro por qué se asegura una mayor representación, en ambas cámaras además para los primeros; con lo cual queda de presente tanto la práctica histórica invisibilizatoria de las comunidades afrodescendientes tanto como la debilidad en la denominación del sujeto político afrocolombiano, tal como lo describe Eliana Duarte, de cuyo trabajo advertimos la tensión semántica y conceptual entre la ley 70 de 1993 y la ley 649 de 2001 que evidencia los dilemas en la “institucionalización de una representación y participación política discursivamente diferenciada que permite dilucidar el cómo de la vinculación entre lo cultural y lo político en Colombia, constituyéndose en un artefacto que institucionalzia una acción colectiva y crea una conciencia social respecto a lo afro como fundamento de un ser, de un actor político, que si bien no es determinado desde la formalidad del mecanismo de participación, se hace indeterminable en el ámbito de los usos prácticos de la política”[12].
Además, habría que considerar el hecho de que la legislación electoral en Colombia no garantice a nivel local y departamental ninguna representación específica para las poblaciones de adscripción étnica, con lo que en dicho ámbito las organizaciones y movimientos políticos afrodescendientes tienen que batirse en contra o asimilarse en los partidos y organizaciones políticas con músculo y maquinaria para producir figuras electas.
finalmente, al revisar el impacto de las curules étnicas afrodescendientes, podría pensarse que la circunscripción especial ha constituido una superposición al modelo electoral estructurante de la política colombiana, que no ha logrado desdibujar la dinámica partidocrática y clientelar vinculada a la participación electoral en el país. De hecho, podría hablarse por ello de la inexistencia de un voto étnico Afrodescendiente en Colombia. Sin embargo, la existencia de tales curules se convierte en una ventana para la posibilidad de transformar la invisibilización en movimiento y actuación pública, pese a lo complejo que pueda resultar tal escenario para las y los afrodescendientes y sus organizaciones que tendrán que empezar a considerar este espacio de representación política más allá de la debilidad organizativa y la miopía histórica tras la falta de una plataforma actuacional sólidamente soportada en la construcción étnica identitaria.
En el proceso electoral que se avecina, será importante entonces observar con mayor detenimiento si veinte años de la nueva constitución han significado para las y los afrodescendientes la conquista de una voz política capaz de significar y representar sus reclamos de igualdad política y diferencia étnica en Colombia y cuál es el peso que representa la pertenencia étnica en las urnas.
[1] Véase mi escrito “IMAGOLOQUÍA: ¿Qué lugar ocupa la imagen en la producción del discurso político?” disponible en el blog cuestionespedagogicas.blogspot.com
[2] Visibles; contrario a las barreras invisibles, de las que habla el Compes 3660 de mayo 10 de 2010; descritas en dicho documento como aquellas “que obstaculizan la igualdad de oportunidades, y el aprovechamiento de capacidades y potencialidades para disfrutar de los beneficios del desarrollo humano sostenible” (p. 8); “que impiden el avance de dicha población, en particular de las mujeres y de los niños, en el campo económico y social.” (p. 26); “10 barreras invisibles que se considera limitan el avance en el desarrollo de dicha población y para las cuales se presentan recomendaciones a cada una de ellas y se sugiere que sean presentadas ante el Consejo de Ministros” (p. 27). Tales barreras serían: (1.) Racismo y discriminación racial, (2.) Baja participación y representación de la población afrodescendiente en espacios políticos e institucionales de decisión, (3.) Mayores dificultades para el acceso, permanencia, y calidad en el ciclo educativo, que limita el acceso a empleos de calidad, el emprendimiento, dificultando la superación de la pobreza. (4.) Escaso reconocimiento y valoración a la diversidad étnica y cultural como uno de los factores que definen la identidad nacional (5.) Desigualdad en el acceso al mercado laboral y vinculación a trabajos de baja calidad (empleos no calificados, bajos salarios y escasa vinculación a la seguridad social) (6.) Baja disponibilidad de información sobre población afro, que limita la cuantificación y focalización de beneficiarios, así como, la definición de política pública ajustada a las particularidades étnicas y territoriales (7.) Débil capacidad institucional de los procesos organizativos de la población afrocolombiana. (8.) Deficiencias en materia de seguridad jurídica de los derechos de propiedad de los territorios colectivos (9.) Acceso limitado a programas de subsidio (10.) Políticas públicas que no recogen las iniciativas y propuestas que surgen de la población Afrocolombiana.
[3] Victor ALVAREZ MORALES. “Fuentes documentales para el estudio del negro en la región antioqueña”. El negro en la historia de Colombia. Primer simposio sobre bibliografía del negro en Colombia. Fondo Interamericano de Publicaciones de la Cultura Negra de la Américas, 1983, p. 22
[4] Al respecto, Fernando Giraldo García y John Antón Sanchez, en las obras ya referenciadas, hacen sendas revisiones al marco legal que implementa los pactos y convenios internacionales así como el desarrollo legislativo reciente respecto de la incorporación de derechos de ciudadanía diferenciada para el grupo étnico afrodescendiente en Colombia.
[5] Epsy CAMPBELL. “Liderazgo y participación política para las mujeres afrodescendientes”. Conferencia women in the Americas : Paths to Political Power. Diálogo Interamericano – BID, 28 de marzo de 2007, p. 2-3
[6] Al respecto véase Oscar ALMARIO. "TRadición oral e historia oficial en la formación de la identidad de los grupos negros del Pacífico Sur colombianoEn 150 años de la abolición de la esclavización en Colombia. Desde la marginalidad a la construcción de la nación, de VI Cátedra Anual de Historia Ernesto Restrepo Tirado, Ministerio de Cultura - Aguilar, 2003, p. 145-146; Santiago ARBOLEDA QUIÑONEZ. “Gerardo Valencia Cano: Memorias de resistencia en la construcción de Pensamiento Afrocolombiano”. Historia y epacios, Univalle, Nº 20, ene-jun, 2003, pp. 79-97: disponible en http://historiayespacio.univalle.edu.co/TEXTOS/20/Articulo4.pdf
[7] Al respecto la historia de la HACIA, Asociación Campesina del Atrato, la gestación igualmente de la ANUC, Asociación Nacional de Usurarios Campesinos, la Asociación de Campesinos Chocoanos de San Juan, ACAD, La Asociación de Campesinos del Baudó, OCABA, entre otras.
[8] Ver al respecto, Anne Marie LOSONCZY. La trama interétnica. Ritual, sociedad y figuras de intercambio entre los grupos negros y Emberá del Chocó. ICANH - IFEA, 2006, p. 13. El trabajo antropológico de Losonczy entre 1975 y 1992, al igual que el infatigable adelantado por Nina S. de Friedemann, resulta importante pues, permite advertir la diversidad de manifestaciones culturales y las preguntas políticas de la época para las y los afrodescendientes.
[9] “¡Cómo será su sentido político que para las últimas elecciones se inscribieron más de 130 listas de minorías negras!”. Aiden SALGADO, “Manuel Zapata Olivella describe realidades de los afrocolombianos, la etnia mas sufrida en el país”. Entrevista a Manuel ZAPATA OLIVELLA. El Tiempo, 28 de mayo de 2004. Presentado igualmente en las memorias del Ier Encuentro de la Red Nacional de jóvenes Afrocolombianos. Buenaventura, Octubre 8 -10 de 2004: http://axe-cali.tripod.com/correo-recibido/1-encuentro-red-nal-jovenes-afro.htm#sd
[10] Fernando Giraldo García. “legislación y reglamentación para poblaciones afrodescendientes en Colombia”. Estudios sobre la participación política de la población afrodescendiente: a experiencia en Colombia. IIDH, 2007, p. 36
[11] Maura Nasly MOSQUERA MOSQUERA. “Oportunidades, obstáculos y desafíos de la participación política de la población afrodescendiente en Colombia”. Estudios sobre la participación política de la población afrodescendiente: la experiencia en Colombia. IIDH, 2007, p. 103
[12] Eliana DUARTE. “Usos políticos de la diferenciación étnica y racial: un estudio de la circunscripción electoral especial”. Análisis, IRG, 6 de diciembre de 2007. Versión electrónica: http://www.institut-gouvernance.org/fr/analyse/fiche-analyse-292.html
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
CuestionP Aportes para una teorìa polìtica de la afrodescendencia por Arleison Arcos Rivas se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 2.5 Colombia.
Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden encontrarse en arleisonarcos@gmail.com.



