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sábado, 15 de octubre de 2016

Pues NO; ¡llegó la hora del SÍ!

Marcha por la paz. Cali - Colombia. Archivo propio.
Dos semanas después, la sorpresiva y pírrica victoria del no todavía nos sobrecoge, mucho más cuando los resultados evidencian la traición al dolor de las víctimas. Con una dignidad de nuevo puesta a prueba, pese a los miles de padecimientos bélicos vividos, las comunidades más afectadas por el conflicto votaron masivamente sí a los acuerdos; dándonos ejemplo de cómo se han reconstruido en prácticas resilientes y en ejercicios de perdón liberador.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Pasar la página...

El balance de medio siglo de guerra en Colombia no sólo es deficitario sino calamitoso. La prolongación irracional de un conflicto irresoluble por las armas, el acumulado de muertes sin sentido en todas las orillas de la confrontación, la bancarrota humanitaria y sus serias afectaciones sobre la población civil, desarraigo inmisericorde de millones de afrodescendientes, indígenas y campesinos, el desplazamiento creciente en barrios urbanos, la proliferación de señores de la guerra y bartuleros de la muerte, la instalación de un exuberante portafolio de violencias, iniquidades, matanzas y afrentas a la seguridad personal; además del grave deterioro ambiental, territorial y cultural, registran el apremio para que nos decidamos a abandonar el callejón sin salida que ha significado la guerra.

Paradójicamente, en medio de semejante desbarajuste, los indicadores de acumulación de riqueza y bienestar personal nunca reflejaron saldo en rojo para quienes hicieron de la guerra el mejor negocio para sus negocios. Tanto es así, que banqueros, industriales y comerciantes florecen y prosperan, ajustando su contabilidad y sus estrategias financieras, productivas, mercantiles y comerciales a los ritmos de la conflagración; afirmando con gracia desvergonzada que “el país va mal pero la economía va bien”.

sábado, 18 de abril de 2015

Los espejuelos de la guerra


Un conflicto armado prolongado y desregularizado como el colombiano, cuya estela de casi seis décadas ha terminado por naturalizar la guerra y consolidar la idea de un país históricamente violento tiene tanto enemigos como defensores, según hemos visto esta semana. Lo curioso es que, mientras se intenta desmontarlo, unos y otros persisten en leer las dinámicas del posible posconflicto desde las tradiciones prácticas y discursivas de la guerra preexistente antes de las negociaciones en la Habana, imposibilitando el cuadre de un nuevo escenario en el que la paz se constituya en la posibilidad real y manifiesta de dejar atrás, por fin, la barbarie bélica y sus cifras perversas; con las cuales la guerra ha logrado instalarse en la única imagen de nuestras realidades. En buena medida las reacciones, espontáneas y acaloradas las de la muchedumbre ofendida; calculadas y oportunistas las de ciertos instigadores bélicos, chocan con la pavorosa opacidad de quienes, animados por alientos conciliatorios, no logran convencer a un país miope y beligerante, preparado sistemáticamente para leer los avatares de la política con los espejuelos del desangre.

Licencia Creative Commons
CuestionP Aportes para una teorìa polìtica de la afrodescendencia por Arleison Arcos Rivas se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 2.5 Colombia.

Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden encontrarse en arleisonarcos@gmail.com.