jueves, 25 de junio de 2020
Siete contra Doce
jueves, 4 de junio de 2020
Hasta que no pueda respirar
jueves, 28 de mayo de 2020
La sociedad desescolarizada
Lejos estábamos de pensar en pandemias y
distanciamiento social preventivo cuando Iván Illich concibió la idea de que la
sociedad puede desescolarizarse. En su pensamiento crítico respecto de la que
considera infructífera educación escolarizada, reclama “nuevos embudos educacionales” orientados “hacia
la búsqueda de su antípoda institucional: tramas
educacionales que aumenten la oportunidad para que cada cual transforme cada
momento de su vida en un momento de aprendizaje, de compartir, de interesarse”.
En su defensa, reclamo igualmente una concepción
educativa que haga posible el advenimiento de una “edad del ocio” en la que
Prometeo, desencadenado, logre imponerse a los designios ritualizados de una
computadora o una pantalla que se supone sirve a los propósitos del aprendizaje
escolar.
Tras meses de perplejidad con la emergencia de una
pandemia aun incontrolada, se han evidenciado los resortes de la injusticia
tecnológica y la disparidad en los torpes procesos de escolarización que le
hemos permitido instalar a gobiernos neoliberales, más preocupados por
atiborrar las aulas con futuros operarios homogeneizados que por provocar
tramas de sentido en las interacciones sociales que permiten la acumulación de
capital escolar y social más allá de la sola reproducción institucional.
Lo que se ha desplazado a los hogares son los niños y
niñas; no la estructura del espacio social denominado escuela. De ahí que las
funciones de la enseñanza en manos de expertos en didáctica, como deben ser las
y los maestros, no tengan por qué reproducirse en la impericia de padres y
madres a quienes hoy se pide asistir como voluntarios en el despliegue de
estrategias curriculares que posibiliten la ocupación creativa de los infantes
en actividades de aprendizaje. Menos aún, deberían comprometerse las directivas
escolares y los maestros en la garantía de avance o desarrollo en la
adquisición de saberes y el fortalecimiento de competencias por fuera de un
espacio que no les pertenece ni gobiernan.
Si comporta alguna oportunidad transformadora, un
episodio que impone forzosamente la presencia de la población escolarizada en
el espacio doméstico debería, precisamente, desdomesticar la educación; no
desintegrando la relación estudiante – docente sino ampliando las oportunidades
para que las familias y la escuela fortalezcan experiencias formativas que
vayan más allá del mercado informativo e instruccional con el que suele
cargarse al sistema escolar.
La potencia de la palabra, el respeto a los acuerdos,
el costo de las cosas, la fabricación de los productos, los efectos del mercado
laboral, la incidencia de las decisiones políticas, el impacto de la
desregulación, la fabricación de la vulnerabilidad, el significado de la
desigualdad, las consecuencias de la desprotección, las secuelas del desempleo,
el fruto de la formación profesional, lo que se deriva de crisis hospitalaria,
las deducciones de impuestos, las exoneraciones de pagos, los beneficios laborales
como las primas, cesantías y pensiones, la dependencia de la producción externa
de alimentos y recursos hospitalarios, la significación de la enfermedad, la potencialidad
del morir, la valoración del vivir, la responsabilidad con los otros, el
fundamento de la obediencia a las autoridades, el sentido social de la
responsabilidad pública; en fin, una constelación significativamente importante
de asuntos que aporten mayor trascendencia a las operaciones, dinámicas,
procesos, tareas y emprendimientos con los que la escuela puede y no siempre
suele cargar de sentido y significación la escolarización de los sujetos
infantes y jóvenes.
Si en medio de una pandemia la escuela ha de seguir existiendo, no será a consecuencia de que extinga su potencialidad educativa y clausure las formas de interrelacionamiento transgeneracional en las aulas. Sobre una base realista respecto del quehacer educativo que aplaza la presencialidad y la trastocará intensamente, la educación se hace posible por tramas de interacción social que amplifican y maximizan las oportunidades para que el aprendizaje sea asumido como un propósito de la sociedad; tarea en la que la escuela tendrá mucho que repasar, afianzar, ahondar y profundizar en una circunstancia tan retadora como la que experimentamos.
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Referencias: Iván Illich (1978). La Sociedad desescolarizada. Pierre
Bourdieu, (2005). Capital cultural, escuela y espacio social.
jueves, 21 de mayo de 2020
Gobernar la incertidumbre
El mundo no se acabó al llegar el 2000 ni en el 2012, ni con la primera
pandemia planetaria está creciendo uno nuevo todavía. Si lo que estamos viendo
es cierto, con la apertura gradual de los mercados y los centros de comercio
tampoco ha de sobrevenir el anhelado poscapitalismo de la solidaridad; que no
ocurrió con la caída de la cortina de hierro ni con la mancomunión europea ni
con las crisis que el sistema neoliberal de capitales ha propiciado,
acrecentado y acumulado en cinco décadas. Tras semanas de pánico trasnacional y
pese a que el mundo ya no funciona, sigue siendo tal como es y aun no más
libre, como podría ser…
Por doquier, en tiempos de democracia, los políticos al frente del
aparato burocrático asustan, calman, disienten, afirman, yerran entre medida y
política, comportándose como dictadores autoritarios que acumulan para sí la
capacidad institucional, la capacidad decisional y extreman la influencia de
sus cargos. Puestos ante la necesidad de providencias de choque, sus gestos
difundidos hasta la saciedad en medios, redes y páginas alimentan la avidez
financiera y el afán corporativo, morigerando el juicioso consejo de los
expertos mientras extienden al límite su potestad, clausurando libertades, exacerbando
la actuación policiva e incluso fomentando atentados contra el estado laico.
En consecuencia las decisiones políticas, los ámbitos de la vida
productiva, las dinámicas de consumo, los tiempos de ocio, las prácticas
recreativas, los enredamientos sociales, en fin, la creación humana; se queda
perpleja ante la suspensión de la cotidianidad provocando enclaustramientos que
responden a la tecnificación del miedo, al dominio sobre los cuerpos y a la
angustia que provocan los tiempos líquidos, cargados como nunca de mayores
incertidumbres ante la proliferación normativa y decisional bajo el estado de
excepción y las legislaciones de emergencia.
Si las oleadas democráticas prometían confianza y seguridad, ha bastado
una pandemia para recordarnos que a
los políticos, emisarios del interés particular, no se les puede permitir
actuar sin reglamentos y que a los negocios el contrato social les resulta
desventajoso; de ahí que se empeñen con diligencia en levantar la producción a
toda costa: reactivar los mercados parece urgente para quienes viven de ellos,
mientras los demás se afanan en cuidar la vida y no morir.
Del lado del pensamiento, la tragedia y la farsa se precipitan en un
tiempo sin historia: se decanta la pesadez falsa y errática con la que nos
vendieron las terceras vías, el fin de las ideas, la caída de los metarrelatos
y el acontecimiento del último hombre evidencian su banalidad; tanto como la
insensatez de quienes, bien animados por el intento de no caer en la
documentación del pesimismo, emulan a las redes sociales y se hacen a la
inmediatez, publicando análisis apresurados y libros interpretativos de la
coyuntura, como si se pudiera pensar en vivo y en directo; sin medida ni
duración.
Más que en cualquiera otro tiempo es preciso acordar
que el gobierno de la incertidumbre no puede hacerse ahondando el desenfoque
sobre el contenido de la vida humana y la actuación política. Así no haya
certezas y desconfiemos del rumbo, precisamos ahuyentar a los timadores para
proseguir el viaje. Necesitados de atisbar siquiera la posibilidad de que haya tierra
firme, de quienes procuran navegar los acontecimientos y escudriñar las señales
del tiempo potencial en medio de la noche nos urge entender que el pensamiento ha
de alimentar la emancipación y no la dependencia del poder, incluso en sí
mismo.
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Referencias. Carlos Marx (1852). El
XVIII Brumario. Giorgio Agamben (2005) Estado de Excepción. Fernando Escalante Gonzalbo (2018). Así empezó todo:
orígenes del neoliberalismo. Boaventura de Souza Santos (2020). La cruel
pedagogía del virus.
jueves, 30 de abril de 2020
Patente de Corso (I y II)
jueves, 23 de abril de 2020
No hay tiempo de llorar
En tiempos de crisis unos lloran y otros venden pañuelos, dijo el financista. También hay quienes se aseguran de que nunca falte quien llore, advirtió el predicador.
Los críticos de las instituciones, en viejos o nuevos modelos, suelen encontrarse animados por su convicción de que los asuntos públicos deben verse sometidos a la pretendida acción omnipotente de los mercados. Si algo ha confirmado esta crisis planetaria por una pandemia de proporciones perdurables es que, hoy más que nunca, necesitamos instituciones fuertes previendo contingencias, proyectando el futuro y actuando con oportunidad y en conjunto; precisamente lo que el mercado no está en condiciones de ofrecer.
jueves, 16 de abril de 2020
Antes que todo se desmorone
miércoles, 8 de abril de 2020
El gobierno de los expertos
jueves, 20 de febrero de 2020
¿Parar para qué?
jueves, 13 de febrero de 2020
Antes, yo era racista...
sábado, 9 de febrero de 2019
Consulta sin consulta previa
martes, 3 de julio de 2018
Cómo conocí a Mandela
jueves, 15 de marzo de 2018
¿Quién perdió?
jueves, 8 de febrero de 2018
¿Un gentío sin proyecto compartido? *
La exagerada cifra de candidatos al congreso, bien podría significar crecimiento y maduración del electorado étnico en el país, sin embargo refleja el agrio sinsabor del desencuentro político electoral. Así mismo, se percibe que en muchos de estos proyectos hay más ganas de figurar que interés por avanzar en la consolidación de un verdadero liderazgo político.
sábado, 28 de octubre de 2017
"Disfraz de afrodescendiente"
Escena uno: Una de mis jóvenes estudiantes, a punto de graduarse bachiller, pregunta inquieta en mi muro ¿qué tiene de malo decir “mi negro”?
Escena dos: una hermosa mujer, reina en su departamento, sube una fotografía a una red social contenta porque su “disfraz” será de afrodescendiente.
La escena tres, póngala usted.
Título de la película: el racismo nuestro de cada día.
sábado, 10 de junio de 2017
Asignatura pendiente: movilización ciudadana y gestión de lo público
sábado, 3 de junio de 2017
La mala ventura del buen puerto
sábado, 15 de octubre de 2016
Pues NO; ¡llegó la hora del SÍ!
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| Marcha por la paz. Cali - Colombia. Archivo propio. |
jueves, 29 de septiembre de 2016
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domingo, 27 de marzo de 2016
II CONGRESO NACIONAL AFROCOLOMBIANO: ¿Cuál es el miedo a un llamado de unidad?
CuestionP Aportes para una teorìa polìtica de la afrodescendencia por Arleison Arcos Rivas se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 2.5 Colombia.
Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden encontrarse en arleisonarcos@gmail.com.






