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jueves, 25 de junio de 2020

Siete contra Doce

La dignidad de la guerra, si es que comporta alguna, implica que los actos violentos dirigidos a la contención, emboscada, ataque, afectación o eliminación del enemigo se justifican sobre la base de encontrarse vinculados en una situación de conflicto que ha de resolverse por la fuerza del más fuerte. Por lo mismo, todo acto incruento o aleve que atente contra los fundamentos de la guerra se encuentra proscrito; mucho más cuando los mismos implican el ataque o la vinculación de civiles, combatientes inermes o conculcados, personal sanitario y, en general, quienes se encuentran al margen del conflicto.

De manera especialísima, las niñas y los niños son sujetos de protección contra toda forma de oprobio y agresión por cualquiera de los bandos en contienda y no sólo por su obligación de no incorporar menores como combatientes y directos partícipes en hostilidades y actividades bélicas, sin ambigüedad ni sofisma alguno que faculte para argumentar su vinculación no voluntaria y suficientemente probada. Esta obligación no le corresponde a los Estados exclusivamente sino también a los demás cuerpos y grupos partícipes en un conflicto armado. 

Sobre la fundamentación de las reglas de la guerra, queda claro que niños, niñas y adolescentes quedan excluidos, por todos los medios y de todas las maneras posibles, de cualquier situación que implique menoscabo de sus derechos o afectación a su dignidad y libertad. Por lo mismo, ninguna forma de violencia, abuso o desatención puede ser tolerada en su contra, provenga de donde provenga. 

Esta salvaguarda contra las formas de violentar a la infancia cobra importancia singular cuando, con ocasión del conflicto, se afecta a poblaciones vulnerables, pueblos étnicos y grupos de especial protección a los que el Estado en modo alguno puede someter a menoscabo de la vida, de la dignidad, la libertad y la seguridad que incluso ponga en riesgo su pertenencia y territorialidad, implique traslado o migración o perjudique su identidad e integridad. 

De ahí que resulte atroz, inmisericorde y contrario a toda forma de derecho que siete soldados uniformados y al servicio del Estado hayan sometido al ultraje más abyecto a una niña de la comunidad indígena Embera Chamí. Como si una violación masiva de por sí no fuese asquerosa y grave, la niña vulnerada suma apenas doce años. 

El que siete soldados, ¡SIETE!, del Batallón San Mateo violen una y otra vez a una menor indefensa, aplicando fuerzas que evidentemente la superan y con toda sevicia le exijan silencio y ocultamiento de los hechos 

constituye un acto criminal que debe suscitar la indignación y solidaridad de todo el país, toda vez que sobreabundan las denuncias porque en medio del conflicto armado las niñas, adolescentes y mujeres han sido convertidas en botín de guerra y sus cuerpos marcados, calcinados, violentados, abusados, seccionados, golpeados, desaparecidos; incluso se relata de mujeres enterradas vivas por combatientes de diferentes procedencias.

Como si fuera poco, este caso dantesco e irreparable cobra singular importancia ahora que muchos más militares estadounidenses, 800 según informó su embajada, ingresarían al territorio colombiano, toda vez que ha sido una práctica habitual en miembros de dicha fuerza violentar y agredir sexualmente a niñas, adolescentes y mujeres afrodescendientes en los territorios en los que han permanecido. Entre otras plataformas, la Ruta Pacífica de las Mujeres en su momento ha proferido sendos comunicados alertando y denunciando del cúmulo de violencias que estos militares perpetran impunemente. 

De nosotras y nosotros depende que la agresión a la menor Emberá Chamí no sea una simple nota de prensa de un día cualquiera en este país sin memoria en el que se perpetúa, sin pudor alguno, una guerra indigna. 

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Referencias: Convenciones y protocolos de Naciones Unidas suscritos por Colombia: (2007) Declaración sobre los pueblos étnicos e indígenas. (2002) Protocolo Facultativo de la convención sobre los Derechos de los Niños y las niñas. (1979) Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres. ONU (1949) Convención de Ginebra IV. Canchari y otros (2017) De género y guerra. OXFAM. (2016). Encuesta de Prevalencia de Violencia Sexual en Contra de las Mujeres en el Contexto del Conflicto Armado Colombiano 2010-2015

#LaNotaDelJueves

jueves, 4 de junio de 2020

Hasta que no pueda respirar



La rodilla del mundo occidental ha asfixiado el cuello de la mujer y el hombre de descendencia africana desde la invención perversa de la esclavización. 

Siglos después, individuos, colectivos y pueblos prisioneros de esa enfermedad atávica, reiteran por doquier las semblanzas del encadenamiento ignominioso, la criminal venta de cuerpos, el asesinato ritual, el encarcelamiento masivo, la penetración violenta, el acoso demencial, la empleabilidad de servidumbre, el recorte de derechos, el señalamiento inmisericorde, la negación de la dignidad, la desigualdad fabricada, la inferiorización manifiesta, la vulnerabilidad diseñada, la desatención institucionalizada; en fin, las mil y una tácticas con las que se oblitera la dignidad y persiste el trato desconsiderado, violento y patibulario del racista y del racismo inscrito en los códigos nugatorios del cuerpo, el pueblo y el continente inventado como negro.

Puño en alto y con tenacidad, las hijas e hijos de África insisten en enfrentarse a tal ennegrecimiento del mundo y se reconocen en su pertinencia y descendencia; reivindicando su ancestralidad, su existencia y su valía más allá de la instalación criminal y genocida de la subvaloración inventada en la nívea mundialización europea. Contra ella, la significación identitaria de la africanía salta desde las pateras y embarcaciones que llegan a playas europeas, así como ayer se amotinaban a la menor posibilidad en los navíos trasatlánticos; o sale a la calle en reclamo de su derecho a una existencia con dignidad, reivindicando la irrestricta libertad de vivir como un ser humano, negada por siglos.

Por esa ruta, ayer el cimarronismo se convirtió en una alternativa libertaria mayor a la que el modelo interpretativo de la blanquitud del mundo está dispuesto a conceder; poniendo en la escena política moderna el hecho valeroso y rescatable a perpetuidad con el que consta que la maquinaria de la esclavización fue demolida gracias a la ferocidad con la que, día tras día, año tras año, década tras década y por siglos este sistema de opresión fue resistido por quienes nunca se habituaron a escribir su historia encadenada y, por el contrario, lucharon sin cesar por conquistar su libertad, la de las mujeres, la de los hombres y, finalmente, la de sus hijos y descendientes; porque todas sus vidas importaban, e importan.

Hoy en las aceras de Estados Unidos, en las playas de los países al otro lado del Mediterráneo, en los territorios del Pacífico o en un parque de Puerto Tejada se padece, se lucha y se muere en la refriega contra el estigma invencional de la racialización colgada como una lápida. Ningún otro ser humano, en cualquier época de la historia del capitalismo, ha tenido que inventarse y reinventarse a sí mismo con tanto furor como las hijas e hijos de quienes han combatido y combaten las expresiones cotidianas y las configuraciones estructurales de esa enfermedad instalada en la mirada, en el siquismo, en los interacciones y en los códigos societales que reproducen las concepciones esencialistas del régimen de asepsia racial. 

La fuerza y la tozudez de las prácticas de fronterización, evitamiento, sindicación y linchamiento de aquellos que se presumen superiores y moldean estructuraciones sociales diseñadas contra quienes representan como inferiores; es también nuestro aliento para pensar, representar, tratar y sancionar la racialización y el racismo como un problema de base biológico, contenido histórico y repercusiones políticas y económicas al que hay que enfrentar a muerte, hasta que no pueda respirar.

#LaNotaDelJueves

jueves, 28 de mayo de 2020

La sociedad desescolarizada

Lejos estábamos de pensar en pandemias y distanciamiento social preventivo cuando Iván Illich concibió la idea de que la sociedad puede desescolarizarse. En su pensamiento crítico respecto de la que considera infructífera educación escolarizada, reclama “nuevos embudos educacionales” orientados “hacia la búsqueda de su antípoda institucional: tramas educacionales que aumenten la oportunidad para que cada cual transforme cada momento de su vida en un momento de aprendizaje, de compartir, de interesarse”.

En su defensa, reclamo igualmente una concepción educativa que haga posible el advenimiento de una “edad del ocio” en la que Prometeo, desencadenado, logre imponerse a los designios ritualizados de una computadora o una pantalla que se supone sirve a los propósitos del aprendizaje escolar.  

Tras meses de perplejidad con la emergencia de una pandemia aun incontrolada, se han evidenciado los resortes de la injusticia tecnológica y la disparidad en los torpes procesos de escolarización que le hemos permitido instalar a gobiernos neoliberales, más preocupados por atiborrar las aulas con futuros operarios homogeneizados que por provocar tramas de sentido en las interacciones sociales que permiten la acumulación de capital escolar y social más allá de la sola reproducción institucional.    

Lo que se ha desplazado a los hogares son los niños y niñas; no la estructura del espacio social denominado escuela. De ahí que las funciones de la enseñanza en manos de expertos en didáctica, como deben ser las y los maestros, no tengan por qué reproducirse en la impericia de padres y madres a quienes hoy se pide asistir como voluntarios en el despliegue de estrategias curriculares que posibiliten la ocupación creativa de los infantes en actividades de aprendizaje. Menos aún, deberían comprometerse las directivas escolares y los maestros en la garantía de avance o desarrollo en la adquisición de saberes y el fortalecimiento de competencias por fuera de un espacio que no les pertenece ni gobiernan.

Si comporta alguna oportunidad transformadora, un episodio que impone forzosamente la presencia de la población escolarizada en el espacio doméstico debería, precisamente, desdomesticar la educación; no desintegrando la relación estudiante – docente sino ampliando las oportunidades para que las familias y la escuela fortalezcan experiencias formativas que vayan más allá del mercado informativo e instruccional con el que suele cargarse al sistema escolar.

La potencia de la palabra, el respeto a los acuerdos, el costo de las cosas, la fabricación de los productos, los efectos del mercado laboral, la incidencia de las decisiones políticas, el impacto de la desregulación, la fabricación de la vulnerabilidad, el significado de la desigualdad, las consecuencias de la desprotección, las secuelas del desempleo, el fruto de la formación profesional, lo que se deriva de crisis hospitalaria, las deducciones de impuestos, las exoneraciones de pagos, los beneficios laborales como las primas, cesantías y pensiones, la dependencia de la producción externa de alimentos y recursos hospitalarios, la significación de la enfermedad, la potencialidad del morir, la valoración del vivir, la responsabilidad con los otros, el fundamento de la obediencia a las autoridades, el sentido social de la responsabilidad pública; en fin, una constelación significativamente importante de asuntos que aporten mayor trascendencia a las operaciones, dinámicas, procesos, tareas y emprendimientos con los que la escuela puede y no siempre suele cargar de sentido y significación la escolarización de los sujetos infantes y jóvenes.     

Si en medio de una pandemia la escuela ha de seguir existiendo, no será a consecuencia de que extinga su potencialidad educativa y clausure las formas de interrelacionamiento transgeneracional en las aulas. Sobre una base realista respecto del quehacer educativo que aplaza la presencialidad y la trastocará intensamente, la educación se hace posible por tramas de interacción social que amplifican y maximizan las oportunidades para que el aprendizaje sea asumido como un propósito de la sociedad; tarea en la que la escuela tendrá mucho que repasar, afianzar, ahondar y profundizar en una circunstancia tan retadora como la que experimentamos.

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Referencias: Iván Illich (1978). La Sociedad desescolarizada. Pierre Bourdieu, (2005). Capital cultural, escuela y espacio social.



#LaNotaDelJueves

jueves, 21 de mayo de 2020

Gobernar la incertidumbre

El mundo no se acabó al llegar el 2000 ni en el 2012, ni con la primera pandemia planetaria está creciendo uno nuevo todavía. Si lo que estamos viendo es cierto, con la apertura gradual de los mercados y los centros de comercio tampoco ha de sobrevenir el anhelado poscapitalismo de la solidaridad; que no ocurrió con la caída de la cortina de hierro ni con la mancomunión europea ni con las crisis que el sistema neoliberal de capitales ha propiciado, acrecentado y acumulado en cinco décadas. Tras semanas de pánico trasnacional y pese a que el mundo ya no funciona, sigue siendo tal como es y aun no más libre, como podría ser…

Por doquier, en tiempos de democracia, los políticos al frente del aparato burocrático asustan, calman, disienten, afirman, yerran entre medida y política, comportándose como dictadores autoritarios que acumulan para sí la capacidad institucional, la capacidad decisional y extreman la influencia de sus cargos. Puestos ante la necesidad de providencias de choque, sus gestos difundidos hasta la saciedad en medios, redes y páginas alimentan la avidez financiera y el afán corporativo, morigerando el juicioso consejo de los expertos mientras extienden al límite su potestad, clausurando libertades, exacerbando la actuación policiva e incluso fomentando atentados contra el estado laico.

En consecuencia las decisiones políticas, los ámbitos de la vida productiva, las dinámicas de consumo, los tiempos de ocio, las prácticas recreativas, los enredamientos sociales, en fin, la creación humana; se queda perpleja ante la suspensión de la cotidianidad provocando enclaustramientos que responden a la tecnificación del miedo, al dominio sobre los cuerpos y a la angustia que provocan los tiempos líquidos, cargados como nunca de mayores incertidumbres ante la proliferación normativa y decisional bajo el estado de excepción y las legislaciones de emergencia.  

Si las oleadas democráticas prometían confianza y seguridad, ha bastado una pandemia para recordarnos que a los políticos, emisarios del interés particular, no se les puede permitir actuar sin reglamentos y que a los negocios el contrato social les resulta desventajoso; de ahí que se empeñen con diligencia en levantar la producción a toda costa: reactivar los mercados parece urgente para quienes viven de ellos, mientras los demás se afanan en cuidar la vida y no morir.

Del lado del pensamiento, la tragedia y la farsa se precipitan en un tiempo sin historia: se decanta la pesadez falsa y errática con la que nos vendieron las terceras vías, el fin de las ideas, la caída de los metarrelatos y el acontecimiento del último hombre evidencian su banalidad; tanto como la insensatez de quienes, bien animados por el intento de no caer en la documentación del pesimismo, emulan a las redes sociales y se hacen a la inmediatez, publicando análisis apresurados y libros interpretativos de la coyuntura, como si se pudiera pensar en vivo y en directo; sin medida ni duración.

Más que en cualquiera otro tiempo es preciso acordar que el gobierno de la incertidumbre no puede hacerse ahondando el desenfoque sobre el contenido de la vida humana y la actuación política. Así no haya certezas y desconfiemos del rumbo, precisamos ahuyentar a los timadores para proseguir el viaje. Necesitados de atisbar siquiera la posibilidad de que haya tierra firme, de quienes procuran navegar los acontecimientos y escudriñar las señales del tiempo potencial en medio de la noche nos urge entender que el pensamiento ha de alimentar la emancipación y no la dependencia del poder, incluso en sí mismo.

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Referencias. Carlos Marx (1852). El XVIII Brumario. Giorgio Agamben (2005) Estado de Excepción. Fernando Escalante Gonzalbo (2018). Así empezó todo: orígenes del neoliberalismo. Boaventura de Souza Santos (2020). La cruel pedagogía del virus.


#LaNotaDelJueves

jueves, 30 de abril de 2020

Patente de Corso (I y II)

El pillaje ha sido alimento de la política desde los tiempos en los que, a cambio de raponear todo un continente, se lisonjeaba a los indígenas con espejitos engañosos. Bien advertía Maquiavelo que la política consiste en el arte de engañar. De hecho, el mismo Bolívar que nada gustaba del Florentino, se quejaba de que “por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza”. Ambos, sin duda alguna, no sólo observaron el presente de sus sociedades, tan disimiles; sino que se tornan profetas en estos tiempos de monstruosa posverdad y elaboración de mentiras y truculencias destinadas al control mediático de los públicos, mientras se tecnifica la ratería rapaz de los recursos públicos.

Necesitados de instituciones fuertes que hagan robusto el accionar estatal en favor de intereses colectivos, nuestro panorama no puede dibujarse más truculento, engañoso y rapaz:

jueves, 23 de abril de 2020

No hay tiempo de llorar


En tiempos de crisis unos lloran y otros venden pañuelos, dijo el financista. También hay quienes se aseguran de que nunca falte quien llore, advirtió el predicador.




Los críticos de las instituciones, en viejos o nuevos modelos, suelen encontrarse animados por su convicción de que los asuntos públicos deben verse sometidos a la pretendida acción omnipotente de los mercados. Si algo ha confirmado esta crisis planetaria por una pandemia de proporciones perdurables es que, hoy más que nunca, necesitamos instituciones fuertes previendo contingencias, proyectando el futuro y actuando con oportunidad y en conjunto; precisamente lo que el mercado no está en condiciones de ofrecer.

jueves, 16 de abril de 2020

Antes que todo se desmorone

#LaNotaDelJueves

Amartya Sen nos ayuda entender que “la tendencia de la economía ha descentrado la atención en el valor de las libertades para fijarse en el de las utilidades, la renta y la riqueza”. Esta obcecación por radicalizar el mercado ha puesto en riesgo el desarrollo de las libertades sociales, políticas y económicas, aminorando las posibilidades de enriquecimiento y mejora de la vida humana en conjunto mientras se acrecientan las riquezas materiales particulares de los más ricos.

miércoles, 8 de abril de 2020

El gobierno de los expertos


Al mundo debería gobernarlo gente que sepa qué, cuándo y cómo hacer lo que resulta más conveniente, pertinente y oportuno. En altamar, recuerda Platón, el barco debería ser conducido por quien conozca la ruta, bajo el consejo de quienes dominen los métodos de navegación. Por ello, como el capitán altamente conocedor, el gobernante de la República debería ser quien resulte más sabio, de modo que liderar el barco represente seguridad, confianza y rumbo cierto; no un desatinado juego especulativo. Pocas veces ocurre, sin embargo, que las sociedades humanas manifiesten contento con las decisiones de su gobernantes y, menos aún, acontece que estos sean sabios o, por lo menos, sensatos y prudentes. 


jueves, 20 de febrero de 2020

¿Parar para qué?

La potencia de la movilización popular o ciudadana ha gestado, a lo largo de la historia, transformaciones sensibles a la dinámica de explotación y dominio instalada por las elites que controlan no solo el aparato estatal sino además la producción de leyes y el reparto de beneficios societales, acumulados bajo el modelo de capitales.


Sin embargo, ante la imposibilidad de alcanzar un volumen decisional de tal tamaño que resulte posible asegurarse el control del aparato institucional, los públicos organizados y las multitudes autoconvocadas se movilizan hoy en un escenario de lenta transformación que apenas si logra producir perturbaciones en el diseño de las políticas y en el direccionamiento de las instituciones, sin que se provoquen acopios de poder que pongan en riesgo sistema alguno.

Frente a los intereses dominantes de la clase dominante, la activación de individuos, colectivos y organizaciones en procura de alcanzar mayores realizaciones que hagan real el disfrute de derechos y libertades conquistados en diferentes momentos y por diferentes vías incorporadas a la configuración institucional cobra sentido cuando, beligerante o no, alcanza tal eco en la multitud que resulta imposible desoírla.

Si bien es cierto, como afirma Piketty en Capital e Ideología que “todo régimen tiene sus debilidades y sólo puede sobrevivir si está dispuesto a transformarse de manera continua, a menudo de forma conflictiva y violenta, apoyándose en las experiencias del pasado y en los conocimientos adquiridos”, la persistente desigualdad que pone a la gente en la calle no parece ceder ni responder a aprendizaje experiencial alguno ni en quienes reclaman la apertura del sistema ni en quienes se empecinan en cerrarlo todavía más; motivo más que suficiente para persistir en la protesta social y la movilización política.

Lo que queda por verse es si quienes se activan contra ese orden de cosas están usando métodos suficientemente creativos como para suscitar la mayor solidaridad popular y generar un impacto sistémico sensible, de fuerte raigambre local, que pueda producir acumulados planetarios; que haga posible el que “pequeños cambios cuantitativos produzca grandes transformaciones cualitativas”. 

De ahí que preocupe la ineficacia de convocatorias a paros nacionales programados un día cada mes, como si se pensara que jornadas de activación de baja intensidad pudieran acelerar el advenimiento de mutaciones sólidas que llamen a la negociación de asuntos fundamentales e impostergables en beneficio de sectores, colectivos y pueblos desatendidos y vulnerados por mucho tiempo.

Luego de la inusitada movilización decembrina en Colombia, habría que preguntarse por el impacto real de las recientes convocatorias a paros de un día al mes, e inquietarse por el riesgo de convertirlas en liturgias de la inmovilidad.

jueves, 13 de febrero de 2020

Antes, yo era racista...


De tanto en tanto, las redes sociales nos hacen conocer las percepciones, escritos o afirmaciones de personas que, con el pretexto de estar en el ejercicio de su opinión, manifiestan descontento, fastidio, malestar o hasta asco y odio por quienes tienen tonalidades de piel más oscuras; especialmente indígenas y “negros”.

sábado, 9 de febrero de 2019

Consulta sin consulta previa

El gobierno nacional ha alimentado la sensación jurídica de que respeta la sentencia 576 de 2014 al haber armado y convocado el denominado Espacio Nacional de Consulta Previa, con el que ha venido tomando decisiones que afectan e inciden en el desarrollo y futuro del pueblo descendiente de africanas y africanos en Colombia.

martes, 3 de julio de 2018

Cómo conocí a Mandela

Me lo imaginaba imponente, airoso, entusiasta y animado por la ferocidad con la que le habrían alimentado años de enfrentar a un régimen segregacionista como el surafricano. En mi mente resplandecía su aura de luchador imbatible al que la libertad esclavizada le parecía poca cosa frente a la potencia de su imagen aprisionada. 

Tras varios lustros en la cárcel, había prevalecido fulgurante y victorioso ante el reto al confinamiento con el que se sostenía el maléfico apartheid que condenaba a la miseria, la ignorancia y la marginalidad a mis hermanos y hermanas en una de las naciones más ricas del continente madre.
Años atrás, en plena adolescencia, habíamos tenido noticias de Soweto y del heroico martirio de Steve Biko, joven líder de la resistencia tras el Movimiento de Conciencia Negra, asesinado en 1977 por la malevolencia de la política de Pretoria. Luego supimos que Biko y Mandela nunca se conocieron, pero en nuestro relato nos sorprendía la manera como el martirio de uno alimentaba la lucha del otro y cómo se fusionaba en la imagen de ambos aquella idea de que ser humano es abandonar el obtuso camino de la superioridad y la inferioridad que hace a unos blancos y a otros negros. Por eso quería hablarle de Steve Biko cuando lo conociera. 

Me generaba intensa inspiración la vida sacrificada de quien prontamente entendió que “negro” es la construcción imaginativa del opresor frente al oprimido, más allá del sólo color de la piel y que por ello había que luchar contra toda forma de subrogación y dominio soportada sobre esa invención; tal como más adelante sintetizó Achille Mbembe en un libro infaltable. 

Imaginaba sus ojos habitados por la intensidad con la que miran quienes han tenido tiempo suficiente para viajar hacia adentro, oteando en las profundidades de la soledad los trazos de la invicta sabiduría. Muchas veces habría tenido que llorar. Muchas más, seguramente le habrían asaltado los gemidos y los reclamos de la tentadora desesperanza, cuestionándolo todo; ansiando habitar el cálido y seguro útero maternal. 

En cada preparación del anhelado encuentro volvía a aquella vieja foto que un Misionero de Yarumal me había mostrado para enseñarme el significado de la entrega. “hay que darlo todo”, decía, mientras yo volaba hasta la isla Robben o al aislamiento carcelario de Pollsmoor o Víctor Verster para contemplarle conversando consigo mismo y meditando sobre el largo camino de la libertad en sus silenciosos corredores. La cárcel por tantos años me parecía un suplicio inmerecido e inmisericorde para un luchador que por todos los medios disponibles peleó por su pueblo para que llegaran días mejores. 

En medio de la ensoñación, empezaba a acumular lecturas sobre este héroe del que apenas si contaron nada en los medios colombianos. Con su semblanza configurada entre canciones, documentales, películas, declaraciones de artistas y pronunciamientos de diferentes naciones y organismos internacionales, crecía mi ilusión por conocer a aquel que luego recibiría el Premio Nobel mientras se hacían pedazos las barreras infranqueables de una política demencial sostenida con hambre y odio para los pueblos dominados a punta de arrogancia, prepotencia y violencia sistemática, sostenida por el régimen exclusivista que los blancos Afrikáner instalaron en Suráfrica.  

No sabía si le diría “Nelson”. Tal vez debería nombrarle “Rolihlahla” o con alguno de sus otros nombres patricios, como me informaron que hacían en su comunidad natal Xhosa, o reconocerle que recibió el honroso título de Madiba perteneciente a su clan Thembu. Estaba hecho un caos con todos estos asuntos, aspirando a esclarecerlos en cuanto tuviera la oportunidad de conocerle. 

Pero el encuentro se aplazó. De hecho, creo que nunca habría sido posible; excepto en mi imaginación. Por eso tuve que conocer a Mandela en sus libros, en los relatos sobre su vida, en su obra como Presidente y como líder de un mundo que aun camina en busca de libertad.
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jueves, 15 de marzo de 2018

¿Quién perdió?



El rasgo más decepcionante de la pasada contienda electoral, revisados los resultados para las circunscripciones de los pueblos étnicos, es el creciente y manifiesto nivel de cooptación de las curules afrodescendientes e indígenas por el camuflaje que las fuerzas políticas tradicionales han impreso sobre la faz de quienes, tras la evidencia formal de pertenecer a dichos grupos, encarnan proyectos políticos al margen de las luchas y causas históricas en sus movimientos.

jueves, 8 de febrero de 2018

¿Un gentío sin proyecto compartido? *

La apropiación ilegítima de la dos curules asignadas para el pueblo afro representó en Colombia durante la pasada legislatura, todo un fiasco en el proceso democrático. Sumado a esto las próximas elecciones de congresistas ya cuentan con 119 aspirantes registrados en 41 listas.

La exagerada cifra de candidatos al congreso, bien podría significar crecimiento y maduración del electorado étnico en el país, sin embargo refleja el agrio sinsabor del desencuentro político electoral. Así mismo, se percibe que en muchos de estos proyectos hay más ganas de figurar que interés por avanzar en la consolidación de un verdadero liderazgo político.

sábado, 28 de octubre de 2017

"Disfraz de afrodescendiente"

Escena uno: Una de mis jóvenes estudiantes, a punto de graduarse bachiller, pregunta inquieta en mi muro ¿qué tiene de malo decir “mi negro”?
Escena dos: una hermosa mujer, reina en su departamento, sube una fotografía a una red social contenta porque su “disfraz” será de afrodescendiente.
La escena tres, póngala usted.
Título de la película: el racismo nuestro de cada día.

Las construcciones simbólicas en torno a la diferencia étnica y la reproducción cotidiana del exotismo, el trato racializado y la negación del peso histórico de las identidades étnicas evidencian la distancia inmensa que todavía se debe recorrer para hacer realidad el reconocimiento pluriétnico y multucultural de Colombia; más allá del pastiche mediático y del figuracionismo en códigos, leyes y decretos que no logran, no pueden por sí mismas, transformar las realidades en las que “negro” y “afrodescendiente” siguen siendo construcciones imaginativas en disputa.

sábado, 10 de junio de 2017

Asignatura pendiente: movilización ciudadana y gestión de lo público

La larga historia de protestas, plantones, bloqueos, movilizaciones y paros en Colombia evidencia la tensión manifiesta y no resuelta entre la precariedad en el aseguramiento de derechos y la perplejidad desobligante  y desestabilizadora en las prácticas institucionales. Las consecuencias: un panorama insostenible que incrementa la vulnerabilidad de públicos específicos desatendidos o precariamente incorporados al reparto y disfrute de bienestar y desnuda la incompetencia de los organismos estatales para producir transformaciones sistémicas que contribuyan a elevar los niveles de satisfacción de la ciudadanía con sus gobernantes.


sábado, 3 de junio de 2017

La mala ventura del buen puerto

A quienes les encanta afirmar que los “negros” siempre están bailando de fiesta en fiesta les horroriza verlos gritando cuando se rebelan y protestan. De ahí que anden espantados inventándose excusas simplonas para intentar contener la resistencia popular que se ha expresado masivamente en las últimas semanas en las calles de Buenaventura y Quibdó, con apoyo solidario por todo el país y buena parte de la comunidad internacional; expresando su cansancio con el descaro por la sostenida desatención a mínimos vitales y a los dilemas del conflicto armado en las dinámicas territoriales del Pacífico nominalmente colombiano. 

Como si no importaran los siglos de abandono y desprotección de los mares, ríos y su gente, renaciente sobre el Pacífico[i]; a las autoridades del Valle del Cauca y de Colombia le ha importado muy poco o nada el que diferentes personalidades y organismos nacionales e internacionales hayan manifestado, por décadas y de manera sostenida, que la situación de la comunidad afrodescendiente en “el principal puerto del país” es insostenible e inconstitucional. 

sábado, 15 de octubre de 2016

Pues NO; ¡llegó la hora del SÍ!

Marcha por la paz. Cali - Colombia. Archivo propio.
Dos semanas después, la sorpresiva y pírrica victoria del no todavía nos sobrecoge, mucho más cuando los resultados evidencian la traición al dolor de las víctimas. Con una dignidad de nuevo puesta a prueba, pese a los miles de padecimientos bélicos vividos, las comunidades más afectadas por el conflicto votaron masivamente sí a los acuerdos; dándonos ejemplo de cómo se han reconstruido en prácticas resilientes y en ejercicios de perdón liberador.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Pasar la página...

El balance de medio siglo de guerra en Colombia no sólo es deficitario sino calamitoso. La prolongación irracional de un conflicto irresoluble por las armas, el acumulado de muertes sin sentido en todas las orillas de la confrontación, la bancarrota humanitaria y sus serias afectaciones sobre la población civil, desarraigo inmisericorde de millones de afrodescendientes, indígenas y campesinos, el desplazamiento creciente en barrios urbanos, la proliferación de señores de la guerra y bartuleros de la muerte, la instalación de un exuberante portafolio de violencias, iniquidades, matanzas y afrentas a la seguridad personal; además del grave deterioro ambiental, territorial y cultural, registran el apremio para que nos decidamos a abandonar el callejón sin salida que ha significado la guerra.

Paradójicamente, en medio de semejante desbarajuste, los indicadores de acumulación de riqueza y bienestar personal nunca reflejaron saldo en rojo para quienes hicieron de la guerra el mejor negocio para sus negocios. Tanto es así, que banqueros, industriales y comerciantes florecen y prosperan, ajustando su contabilidad y sus estrategias financieras, productivas, mercantiles y comerciales a los ritmos de la conflagración; afirmando con gracia desvergonzada que “el país va mal pero la economía va bien”.

domingo, 27 de marzo de 2016

II CONGRESO NACIONAL AFROCOLOMBIANO: ¿Cuál es el miedo a un llamado de unidad?



Luego de que la Corte Constitucional, mediante sentencia T576 de 2014, fallara de fondo las tutelas que pretendían desconocer el proceso autónomo celebrado en Quidbó; dando su respaldo formal al mandato nacido del Primer Congreso Nacional Afrocolombiano de 2013, se advierte una manifiesta inquietud no sólo por dilatar e intentar modular los efectos de tal decisión constitucional. Además, parece enfermizo el propósito gubernamental de hilvanar encuentros antojadizos que favorezcan sus pretensiones de contar, nuevamente, con un escenario consultivo que opere a su amaño, a espaldas del pueblo afrocolombiano, tal como ocurría con la Comisión Consultiva de Alto Nivel, a la que se negó potestad alguna en dicho certamen, confiando a la Autoridad Nacional Afrocolombiana el que adelantara sesiones para poner a punto nuevos protocolos y acuerdos que deberían ratificarse, consultados previamente, en un nuevo Congreso.

Licencia Creative Commons
CuestionP Aportes para una teorìa polìtica de la afrodescendencia por Arleison Arcos Rivas se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 2.5 Colombia.

Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden encontrarse en arleisonarcos@gmail.com.