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jueves, 13 de febrero de 2020

Antes, yo era racista...


De tanto en tanto, las redes sociales nos hacen conocer las percepciones, escritos o afirmaciones de personas que, con el pretexto de estar en el ejercicio de su opinión, manifiestan descontento, fastidio, malestar o hasta asco y odio por quienes tienen tonalidades de piel más oscuras; especialmente indígenas y “negros”.

domingo, 30 de junio de 2013

Entre el odio y la muerte


A lo largo y ancho del territorio colombiano emergen evidencias de que el racismo es una enfermedad de la que no nos hemos vacunado todavía, como se percibe tras la cotidiana agresión verbal a ciudadanos detenidos por la Policía, los improperios a una reputada investigadora en un almacén de cadena, los grafitis discrimitarorios en algunos centros educativos y universidades del país, las sentencias condenatorias de actos de racialización en la academia, las reiteradas prohibiciones de ingreso a sitios de entretenimiento público o la imposibilidad de acceder a cargos de liderazgo con alta incidencia política; todas estas evidencias de lo naturalizado que se encuentra este flagelo entre nosotros.

Sin embargo, con mayor preocupación, el racismo y la discriminación adquiere tintes de odio étnico cuando se convierte en una amenaza inminente que no solo simboliza la enfermedad sino que pone en riesgo la vida misma y el bienestar, tal como ha ocurrido en el presente mes en el Barrio Popular 1 de Medellín, en el que las amenazas se concretaron en muertes y desplazamiento y, en Cartagena, ciudad que sigue sosteniendo el emblema de la discriminación recalcitrante.

sábado, 22 de septiembre de 2012

¿Sin mérito para gobernar?

El Presidente Juan Manuel Santos tuvo una muy desafortunada, pero bastante diciente salida en falso, cuando un oyente de su programa “en línea con el Presidente” preguntó por la razón de que en su gabinete no haya ministras o ministros afrodescendientes. Santos, quien calcula muy bien las palabras que dice -como el buen jugador de poker que ha demostrado ser, se mostró bastante vacilante para afirmar que tal ausencia no es producto de una decisión racista o discriminatoria; dejando entrever, palabras más o menos, que aquí o en el exterior no encontró un afrodescendiente colombiano de mérito para tales cargos: 

“Los afrodescendientes no deben estar en el gabinete por negros, por afrodescendientes, sino por sus propios méritos y en eso … creo que… es mucho más sano. Hay mucha gente que está contratada en el gobierno, eh, afrodescendientes que son grandes trabajadores…Lo mismo me pueden decir que por qué no hay ministros de tales sectores, por qué no hay ministros de tales regiones del país..Simplemente porque uno tiene que cuadrar diferentes cualidades, diferentes características…para poder armar… es bien complicado…un gabinete… pero tenga la seguridad que no es producto de una falta de interés”[1]

Por lo menos identificar a los afrodescendientes como grandes trabajadores contribuye a romper con el prejuicio según el cual somos perezosos y haraganes a quienes no conduele la molicie, según ventilaron con furor las viejas élites nacionalistas por más de siglo y medio de vida republicana[2]. Sin embargo, lo que resulta problemático en tal versión es que el Presidente afirma que en el gobierno hay afrodescendientes buenos para trabajar pero no para dirigir o liderar los asuntos de la nación. 

Santos afirma igualmente que a un gabinete la gente no debe llegar por su color de piel y está en lo cierto. De hecho, también opinamos igual; pero ello no responde a la evidencia de por qué todo su gabinete está conformado por personas euromestizas, sin que en ninguna de las altas dignidades civiles o militares en su gobierno figure un indígena o un afrodescendiente. Frente a ello, personalmente no creo ni veo ni escucho en los encuentros, reuniones y eventos a los que asisto o me invitan, que haya un solo profesional militante en el movimiento afrodescendiente que aspire a un cargo de autoridad y liderazgo sólo por el hecho de portar un determinado color de piel. Por lo contrario, muchos; altamente especializados, sí se duelen de tener las cualidades suficientes y necesarias para ocupar ciertos cargos y delegaciones sin que hayan logrado acceder a ellos precisamente por la carga ideológica, simbólica y prejuiciada que los decisores asocian todavía al color de la piel. 

Tal situación evidencia que seguir insistiendo en que afrodescendencia y piel oscura son sinónimos lo único que produce es la perpetuación de discursos estereotipados con los cuales los gobernantes y decisores, para posar de pluralistas e incluyentes “muestran” a una figurita acomodaticia que en algunos gobiernos locales, en los departamentos o a nivel nacional pueda “posar” como representante de quienes no representa. ¿Un ejemplo? La administración municipal de Medellín al presentar su borrador de plan de desarrollo en el foro del CTP con afrodescendientes llevó al director de Telemedellín, Mauricio Mosquera, a hacer ese trabajo; tal vez pensando en que era la única persona en dicho gabinete con la piel suficientemente oscura para la ocasión. 

En el mismo sentido puede pensarse en cómo cuadros partidistas locales, regionales y departamentales, aupados no pocas veces por liderazgos al interior del movimiento, activan electoralmente a las y los afrodescendientes porque resultan bastante útiles para ganar elecciones, ponerle número a sus programas y proyectos y generar réditos corporativos; con muy poca o ninguna preocupación por los impactos de los mismos en la transformación de los graves problemas padecidos por largo tiempo en territorios rurales, ribereños, litorales y urbanos. 

Muy seguramente la cooptación del liderazgo afrodescendiente por los partidos tradicionales y fuerzas políticas regionales haya promovido un nivel de ajuste de las relaciones de poder que, convenientemente, asigna a estos cargos de postín, dignidades fatuas y recursos (y no pocos) con los cuales alimentar a sus clientelas; extendiendo a la dimensión étnica las prácticas mecanicistas de apropiación, distribución y mecenazgo de los recursos públicos y promoviendo la fragmentación como la mejor estrategia para contener el demoledor peso que tendría un electorado étnico motivado y articulado a un proyecto identitario con amplia figuración. 

Ello lleva a preocuparse y a levantar las alertas; más que por ver un “negro” en la foto ministerial, porque las y los afrodescendientes necesitamos entender que las dinámicas de poder se escenifican de manera concreta en los espacios en los que, para disputarlo, habrá que renunciar a dádivas y prebendas personalistas para aspirar a interpretar y significar política y electoralmente causas de profundo calado que contribuyan a transformar las condiciones reales de opresión, injusticia, marginalidad y pobreza contra las cuales luchan a diario en campos y ciudades las gentes de nuestro pueblo. 

En vísperas del decenio afrodescendiente y a las puertas de la conmemoración de quinientos años de figuración identitaria, invención étnica y resistencia libertaria de África en su descendencia americana, nuestro quehacer como movimiento étnico afrodescendiente en Colombia requiere rechazar actitudes exclusivistas como la que expresa un gabinete monocromático; tanto como denunciar el oportunismo, la rapiña y la voracidad de quienes han impedido que se concrete un proyecto social, cultural y político con el cual afianzar la presencia, visibilización y permanencia étnica afrodescendiente en el país. 

Más que nunca, hoy nuestro deber apunta a derrumbar las posturas y prácticas personalistas y oportunistas que han obstaculizado el fortalecimiento de este movimiento, acrecentando su fragilidad; con lo que han permitido a quienes detentan el poder desoír cuando quieren las graves demandas de nuestro pueblo a lo largo y ancho del territorio colombiano. 

¡Mayimbe para afroamérica!

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[1] Caracol Radio. “Afrodescendientes no deben estar en el gabinete por negros sino por sus méritos: Santos”. Septiembre 21 de 2012. Transcripción del audio en Página web de Caracol radio: http://www.caracol.com.co/audio_programas/archivo_de_audio/afrodescendientes-no-deben-estar-en-el-gabinete-por-negros-sino-por-sus-meritos-santos/20120921/oir/1765326.aspx. Basta seguir los numerosos y enconados comentarios de los oyentes y lectores de prensa para advertir que este asunto no es de poca monta en el país. Véase: http://www.elespectador.com/noticias/nacional/articulo-376452-meritos-y-no-color-de-piel-santos-escogio-su-gabinete


[2] El discurso de las élites en Colombia ha servido para implantar un imaginario de dominación según el cual “Nuestra raza proviene de la mezcla de españoles, de indios y de negros. Los dos últimos caudales de herencia son estigmas de completa inferioridad” Respecto de los afrodescendientes, tal estereotipia se radicaliza afirmando que “El espíritu del negro, rudimentario e informe, como que permanece en una perpectua infantilidad. La bruma de una eterna ilusión la envuelve y el prodigioso dón de mentir es la manifestación de esa falsa imagen de las cosas, de la ofuscación que le produce el espectáculo del mundo, del terror de hallarse abandonado y disminuido en el concierto humano”. Laureano GÓMEZ. Interrogantes sobre el progreso de Colombia. Minerva, 1928, p. 44 y 48 respectivamente.

sábado, 21 de enero de 2012

“AQUÍ NO QUEREMOS NEGROS”


La gente dice que soy
El muñeco de la ciudad
Porque soy negro, negrito
Con la bemba colorá

Pareja en el Desfile de Silleteros de Medellín, 2010  
En 2010 la Secretaría para el Desarrollo Social de Soacha registraba 5300 afrodescendientes nacidos o residentes en ese municipio, en momentos en los que apoyó la conmemoración del Primer Festival de San Francisco de Asis como parte de las actividades del Programa de Minorías Poblacionales.  Alborozada, la connotada modelo Belky Arizala, quien ha vivido en ese municipio, opinaba que le parecía “muy especial que en todas las regiones y rincones del país la comunidad afrodescendiente esté cada vez más visible con toda su cultura y folclor”[1]

Hoy, sin embargo, las y los afrodescendientes nacidos y residentes en ese municipio de Cundinamarca, conurbano a Bogotá, se encuentran amenazados, sumando ya muertos a la larga cadena que arrastra el odio de quienes no soportan al que no se blanquea y pasa desapercibido.

En los hechos de Soacha, vuelve y aparece el atávico ejercicio de distinción peyorativa que en buena parte del país alega la no pertenencia afrodescendiente a los espacios urbanos, reproduciendo una imagoloquía (una manera determinista de pensar, imaginar y decir al otro) ruralizada, exotizada y desdeñosa de quienes hoy, producto de un colosal drama humano en voz baja, son mucho más notorios en la ciudad.

sábado, 14 de enero de 2012

Una terna sin igual




No sólo por los méritos sino por la particularidad de que los ternados son afrodescendientes, la elección de Contralor del Valle del Cauca para el periodo 2012-2015 resulta paradigmática y sui generis en el país y, tal vez, en América Latina.

sábado, 7 de enero de 2012

Deuda étnica en los gabinetes de gobierno


Estoy poseído por un impulso de tocar las nubes
Niyi Osundare



Una vez presentados los nuevos gabinetes, lo sorprendente no es la ausencia de afrodescendientes en los gobiernos locales de las grandes ciudades. Lo realmente espeluznante es que pareciera persistir la intención de no contar con afrodescendientes en dichos gobiernos, pese a que la reciente encuesta de LAPOP[1] indica que los colombianos, frente a otras nacionalidades, tienen actitudes menos prejuiciadas hacia las y los afrodescendientes y que incluso una porción significativa de colombianos vería bien tener un jefe afrodescendiente. 

Reconociendo los muy notorios avances en la designación de 17 mujeres de reconocida valía y trayectoria al frente de diferentes dependencias públicas en la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín, destaca el hecho de que ninguna de ellas sea afrodescendiente y que, junto a ellas, no haya un solo secretario afrodescendiente responsable de carteras en el departamento o en la capital antioqueña.

domingo, 14 de noviembre de 2010

MI VECINO ES UN “CHOCUANO” O LAS MELODÍAS DEL ODIO

La música, ese instrumento celestial con el que algún dios arcano testó a su descendencia el secreto del universo, puede convertirse igualmente en el peor de los instrumentos para interpretar las melodías del odio y la discriminación. Al igual que otras muestras estéticas y plásticas, una melodía tiene la posibilidad enorme de transportar racismo y denigración cultural.


Los Cantores de Chipuco, acaban de demostrar que para tocar tales sonidos, basta con identificar una figura que genere, sino el odio, la risa fácil de quienes, cada año, aceptan su apuesta musical.  “El chocuano”, se llama el tema que quieren poner de moda en esta temporada y, si lo logran, seguramente convertirán, de nuevo, en objeto de burla a los y las afrocolombianos que, por extensión somos universalizados como “chocoanos” cuando no “negros” o su combinación:


Mi vecino es un chocuano 
(puro saca taca taca tumba)
Mi vecino es un chocuano 
(baila muy bueno; tiene un trasero….. bendito sea mi dios)
Mi vecino es un chocuano 
Anda embambao todo bacaniao
24 horas al dia se mantiene emparrandao
Se emparranda una semana y deja al barrio trasnochao 
Bájele… que tengo que madrugar
Deje de quejarse tanto y venga salgase a gozar (esta muy duro)
Bájele… que tengo que madrugar
Si me echas la policía con gusto le pongo mas (bájale un poquitico) 
Mi vecino es un chocuano  (toco unirnos a la parranda)
Mi vecino es un chocuano


Los Cantores de Chipuco caen, una vez más, en el juego estereotipado de reducir la cultura popular al chiste y el gracejo ramplón sin importar qué se diga ni de quien se dice. La pregunta es si con ello logran algo más que vender discos o por el contrario lastiman de manera grave las relaciones intersubjetivas entre el grueso de las y los antioqueños y los venidos del Pacífico y nacidos en la ciudad que, según proponen estos cantores, son señalados al universalizarles como “vecino chocuano” “bulloso”, “visajoso”, que se mantiene “emparrandao 24 horas al día”, “embambao todo bacaniao”, que “baila muy bueno y tiene un trasero” que “se emparranda una semana y tiene al barrio trasnochao”, incivilizado, que no atiende la petición de “Bájele”.


El “chocuano” de esta canción es insociable, no respeta, hace bulla sin descanso (luego no trabaja y es vago), tal como siempre se ha sostenido de los afrodescendientes, sin considerar que su trabajo construye ciudades, humea en las fábricas, levanta casas, calles y grandes obras, así como siglos atrás sostuvo la economía colonial. La pobre y detestable imagen del afrodescendiente convertido aquí en “chocuano”, dibuja estereotipos desdeñosos que le hacen ver como un sujeto indeseable, alborotado, superficial y antisocial, que altera la convivencia con prácticas festivas eternizadas (24 horas, toda la semana). ¡Faltaba más tener que bailar al ritmo de semejantes improperios!


Además de la retahíla discriminatoria, si alguien alguna vez ha vivido en una pensión, como lo hacen muchas y muchos estudiantes universitarios del Pacífico y del Atlántico en nuestra ciudad, difícilmente daría crédito a este estado sempiterno de rumba que supuestamente identifican los denominados Cantores de Chipuco, con lo cual resulta evidente no sólo el carácter engañoso de su letra sino igualmente la intencionalidad sectaria que señala al otro, al afrocolombiano, como portador de antivalores. Por cierto, recuerdo que hace unos diez años cambié mi domicilio porque tenía un vecino que me despertaba a las dos de la mañana o no me dejaba leer en las tardes de domingo por el alto volumen de la música que ponía en medio de su habitual borrachera. El tipo, para más señas, era antioqueño y no “chocuano”; y su color de piel no le vinculaba al pacífico sino a los andes colombianos. ¿Habría que componer la canción “mi vecino es antioqueño”? Creo que no, fundamentalmente porque, al igual que los de Chipuco, confirmaríamos que la discriminación y el racismo pueden vestirse de todos los colores.


Situar mensajes de odio, distinción, discriminación o exclusión resulta posible sin mucho ingenio. Desde el chistecito según el cual una blanca vale por dos negras, refiriéndose a la notación musical, hasta la difusión de mensajes abiertamente difamatorios de los extranjeros, los latinos, las mujeres o cualquiera que porte marcas identificatorias que le excluyen de la ingenua y extendida “mayoría” nacional.  De igual manera, muchos grupos han encontrado en su propuesta musical una estrategia renovada para luchar contra el racismo, el sexismo, la xenofobia, la discriminación, el regionalismo y el nacionalismo avasallante, visibilizándose en su público como promotores de resistencia contra los estereotipos decadentes que estimulan concepciones de supremacía étnica, nacionalista, de género o de clase.


Tal vez por ello Ska, un grupo de crítica y cuestionamiento al orden subyugante de occidente tenga razón al proclamar: 
Tu di no al racismo
que los colores en el mundo vienen siendo lo mismo
no hay ninguna diferencia
el racismo es nazismo
y el facismo es una mierda


Dado que el racismo, la discriminación y la xenofobia existen y se alimentan, cada vez con mayor intensidad, resulta preocupante que, en Colombia, país en el que difícilmente nos tomamos en serio los asuntos de la otredad y la alteridad, de la diferencia y la identidad, un grupo musical decida convertir en objeto de su burla a un conjunto cada vez más creciente de ciudadanos y ciudadanas que portan su pertenencia étnica afrodescendiente en el espacio de la ciudad. A estos, la cantinela o el código de vida urbana les marca para que se blanqueen, para que no expresen valores ni tradiciones que denoten de donde vienen o quienes son, pues así hayan nacido en la ciudad; el color de piel, el lugar en donde viven, la manera en la que hablan, la música que escuchan les identifica externamente y, desde el otro, como universalmente “negros” o “chocuanos” por extensión.


Lo que realmente molesta de la cancioncita en mención, es que Los Cantores de Chipuco persistan en ridiculizar con esterotipos mañidos y arteras estrategias de señalamiento y discriminación a quienes son aun víctimas de estigmatización y desconocimiento identitario. He aquí una razón de peso para pelear en serio y por todas las vías legales posibles, con quienes reducen de tal manera la pertenencia étnica afrocolombiana y vulgarizan los orígenes chocoanos de buena parte de los habitantes de la ciudad.


jueves, 8 de julio de 2010

¿Ministros monocromáticos?

Me ha causado mucha curiosidad la inquietud de Francisco Santos porque su primo, el nuevo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos no haya hecho ningún nombramiento identitario afrodescendiente en su gabinete ministerial.


El asunto resulta sorpresivo porque Colombia ha suscrito diversos compromisos internacionales contra la discriminación y el racismo, en especial los emanados de la Convención Internacional sobre todas las formas de discriminación racial; a partir de la cual, entre muchas otras políticas de visibilización y reconocimiento, se ha promovido la participación afrodescendiente en cargos investidos de autoridad a todo nivel.




¿Discriminación racial en la designación de Ministros y Ministras?






En su primer artículo, la convención adopta la expresión discriminación racial para denotar "toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública".








Así, si se considera que no incluir a una persona afrodescendiente resulta una abierta forma de exclusión y restricción, así como una manera de establecer preferencias asociadas a la pigmentación y el origen étnico de la cuarta parte de las y los colombianos, ello resulta siendo una nueva evidencia del carácter segregacionista de dicha práctica, rota con la designación de Paula Marcela Moreno como ministra de Cultura en el gobierno del expresidente Alvaro Uribe.




De igual manera, la no designación de una persona por su color de piel contraría la convención en su artículo quinto, al negar a las y los afrodescendientes el derecho de "participar en el gobierno y en la dirección de los asuntos públicos en cualquier nivel, y el de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas".




La política étnica de museo






Queda claro entonces de lo que se trata: el gobierno del Presidente Santos no considera pertinente insistir en una política del reconocimiento que enfrente el hecho de que Colombia ha vivido por largos doscientos años de vida republicana sucesivas e históricas exclusiones que han marginado a amplios sectores de la población de la conducción de los asuntos públicos en razón de su color de piel y procedencia étnica.




No obstante, para no dejar el sinsabor de elitismo e insistencia en viejas supremacías en tan abierta exclusión, el Presidente Santos se reunió con autoridades indígenas en la Sierra Nevada. Muy bello el ceremonial de reencuentro con los elementos de la maternalidad humana, a los que el Presidente se comprometió a cuidar y preservar; sin embargo, tal ritual está lejos; muy lejos de evidenciar una práctica incluyente de la diferencia.






Lo que las y los colombianos que adscribimos a una identidad étnica aspiramos es a vivir en un país en el que no se nos deje al margen de la vida pública ni se nos estigmatice como incapaces ni se nos vanalice por el hecho de portar una piel y una tradición cultural diferente. La calidad con la que la exministra Moreno gestionó y adelantó importantes acciones de defensa patrimonial, reconocimiento étnico e identitario, mercado cultural y gestión cultural local, nacional e internacional resulta protuberante como para que, sin más, tal empeño haya sido invisibilizado por la decisión, hay que decirlo, discriminatoria del Presidente Santos; a quien habría que denunciar, no sólo porque lo haya dicho su primo sino porque faltó a compromisos nacionales de visibilización étnica, ante el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial.






Esperemos que pronto advierta su equivocación y pueda dar crédito a quienes aspiramos que este sea un gobierno en el que, para las étnias colombianas, también haya llegado la hora de la prosperidad.
Licencia Creative Commons
CuestionP Aportes para una teorìa polìtica de la afrodescendencia por Arleison Arcos Rivas se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 2.5 Colombia.

Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden encontrarse en arleisonarcos@gmail.com.