Un conflicto armado prolongado y
desregularizado como el colombiano, cuya estela de casi seis décadas ha
terminado por naturalizar la guerra y consolidar la idea de un país históricamente
violento tiene tanto enemigos como defensores, según hemos visto esta semana.
Lo curioso es que, mientras se intenta desmontarlo, unos y otros persisten en leer
las dinámicas del posible posconflicto desde las tradiciones prácticas y
discursivas de la guerra preexistente antes de las negociaciones en la Habana,
imposibilitando el cuadre de un nuevo escenario en el que la paz se constituya
en la posibilidad real y manifiesta de dejar atrás, por fin, la barbarie bélica
y sus cifras perversas; con las cuales la guerra ha logrado instalarse en la única imagen de nuestras realidades. En buena medida las reacciones, espontáneas y acaloradas
las de la muchedumbre ofendida; calculadas y oportunistas las de ciertos
instigadores bélicos, chocan con la pavorosa opacidad de quienes, animados por
alientos conciliatorios, no logran convencer a un país miope y beligerante, preparado
sistemáticamente para leer los avatares de la política con los espejuelos del
desangre.
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sábado, 18 de abril de 2015
sábado, 9 de febrero de 2013
¡Póngale color!
El racismo nuestro de cada
día se alimenta de la vana ilusión de que en la externalidad de la piel y los
condicionantes sociales, así como en la interioridad del espíritu y la
inteligencia, el otro expresa inferioridad, insuficiencia y precariedad.
Incluso bajo prácticas endorracistas,
la construcción racializada continúa operando para quien responde por sus
comportamientos a partir de tal ideación que le impele a la justificación, la
obediencia y la aceptación de relaciones sostenidas bajo el estigma, la
minusvalía, el etiquetamiento y la distinción. Tal vez por ello en los Estados
Unidos, país acostumbrado a fundar y visitar museos de toda índole, no haya un
museo nacional de la esclavización; como evidencia a que ese proceso y sus
consecuencias históricas, sociales, políticas y económicas aun se escenifican
cotidianamente.
A las relaciones humanas,
marcadas por el peso de la discriminación y la racialización, se las vigila
meticulosamente, a efectos de que toda transgresión sea amplificada, en busca
de sanción, rechazo y naturalización; tal como observamos a diario en comentarios
a artículos de los periodicos y revistas en páginas digitales. Para esta nota,
tomo sólo algunos de entre los que he recopilado para un ejercicio de análisis
del discurso de próxima aparición.
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CuestionP Aportes para una teorìa polìtica de la afrodescendencia por Arleison Arcos Rivas se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 2.5 Colombia.
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