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jueves, 21 de mayo de 2020

Gobernar la incertidumbre

El mundo no se acabó al llegar el 2000 ni en el 2012, ni con la primera pandemia planetaria está creciendo uno nuevo todavía. Si lo que estamos viendo es cierto, con la apertura gradual de los mercados y los centros de comercio tampoco ha de sobrevenir el anhelado poscapitalismo de la solidaridad; que no ocurrió con la caída de la cortina de hierro ni con la mancomunión europea ni con las crisis que el sistema neoliberal de capitales ha propiciado, acrecentado y acumulado en cinco décadas. Tras semanas de pánico trasnacional y pese a que el mundo ya no funciona, sigue siendo tal como es y aun no más libre, como podría ser…

Por doquier, en tiempos de democracia, los políticos al frente del aparato burocrático asustan, calman, disienten, afirman, yerran entre medida y política, comportándose como dictadores autoritarios que acumulan para sí la capacidad institucional, la capacidad decisional y extreman la influencia de sus cargos. Puestos ante la necesidad de providencias de choque, sus gestos difundidos hasta la saciedad en medios, redes y páginas alimentan la avidez financiera y el afán corporativo, morigerando el juicioso consejo de los expertos mientras extienden al límite su potestad, clausurando libertades, exacerbando la actuación policiva e incluso fomentando atentados contra el estado laico.

En consecuencia las decisiones políticas, los ámbitos de la vida productiva, las dinámicas de consumo, los tiempos de ocio, las prácticas recreativas, los enredamientos sociales, en fin, la creación humana; se queda perpleja ante la suspensión de la cotidianidad provocando enclaustramientos que responden a la tecnificación del miedo, al dominio sobre los cuerpos y a la angustia que provocan los tiempos líquidos, cargados como nunca de mayores incertidumbres ante la proliferación normativa y decisional bajo el estado de excepción y las legislaciones de emergencia.  

Si las oleadas democráticas prometían confianza y seguridad, ha bastado una pandemia para recordarnos que a los políticos, emisarios del interés particular, no se les puede permitir actuar sin reglamentos y que a los negocios el contrato social les resulta desventajoso; de ahí que se empeñen con diligencia en levantar la producción a toda costa: reactivar los mercados parece urgente para quienes viven de ellos, mientras los demás se afanan en cuidar la vida y no morir.

Del lado del pensamiento, la tragedia y la farsa se precipitan en un tiempo sin historia: se decanta la pesadez falsa y errática con la que nos vendieron las terceras vías, el fin de las ideas, la caída de los metarrelatos y el acontecimiento del último hombre evidencian su banalidad; tanto como la insensatez de quienes, bien animados por el intento de no caer en la documentación del pesimismo, emulan a las redes sociales y se hacen a la inmediatez, publicando análisis apresurados y libros interpretativos de la coyuntura, como si se pudiera pensar en vivo y en directo; sin medida ni duración.

Más que en cualquiera otro tiempo es preciso acordar que el gobierno de la incertidumbre no puede hacerse ahondando el desenfoque sobre el contenido de la vida humana y la actuación política. Así no haya certezas y desconfiemos del rumbo, precisamos ahuyentar a los timadores para proseguir el viaje. Necesitados de atisbar siquiera la posibilidad de que haya tierra firme, de quienes procuran navegar los acontecimientos y escudriñar las señales del tiempo potencial en medio de la noche nos urge entender que el pensamiento ha de alimentar la emancipación y no la dependencia del poder, incluso en sí mismo.

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Referencias. Carlos Marx (1852). El XVIII Brumario. Giorgio Agamben (2005) Estado de Excepción. Fernando Escalante Gonzalbo (2018). Así empezó todo: orígenes del neoliberalismo. Boaventura de Souza Santos (2020). La cruel pedagogía del virus.


#LaNotaDelJueves

sábado, 23 de abril de 2011

LAS CONSIGNAS


Hemos construido el sueño
del mundo, la creación,
con dichos; sea tu empeño
rehacer la construcción
Miguel de Unamuno

Construidas en medio de la agitación o redactadas en la serenidad de la noche; finamente elaboradas por creativos pensadores o articuladas con trozos doctrinales, las consignas evidencian el contenido manifiesto de la protesta y acompañan la movilización como un celoso guardián de ideales y aspiraciones.
 
Una historia de la represión podría llevarnos a pensar que las consignas nacieron en la ideación de viejos mecanismos de control de la opinión pública: ¡Crucifícale, crucifícale!, gritaban en Jerusalén, aupados por los dueños del templo, los mismos que tiempo atrás llenaron las calles para saludar al rey de los judíos. En épocas más recientes, el militarismo al frente del gobierno, instalaba el sometimiento y la censura periodística “bajo las consignas del Poder Público”, las cuales constituían “órdenes dictadas todos los días a los periódicos sobre los aspectos más variados de su labor. O bien se referían a cuestiones de fondo (temas y argumentos de los que no se podía informar o de los que había que informar obligatoriamente), o bien a aspectos de presentación de las noticias (…), o bien a detalles de la actividad misma de los periódicos” (Sinova 2006, 191).

sábado, 2 de abril de 2011

El jaleo del oprimido

¿A dónde quieren llevar al negro? 
miren que el negro se está cansando 
que todo el mundo le va jalando 
como si fuera él un maniquí 
Ñico Saquito


Para mucha gente la escuela; básica, media o superior, debería entenderse como un receptáculo de las políticas hegemónicas instaladas como válidas por una élite ilustrada que, como clase, impone con relativo éxito su particular mentalidad respecto del Estado y sus funciones a las diferentes fuerzas sociales. En ese modelo, la escuela se convierte en un ejercicio de dictado magnificado por el impacto que tiene la escolaridad puesta al servicio de la empresa y de las faenas laboriosas en el modelo de economía en el que las fuerzas productivas cumplen la misión de dar valor al capital y operan en torno a su entronización. 


sábado, 2 de octubre de 2010

¿Está usted de acuerdo y se compromete?

"Mucha gente habla, dentro y fuera de la universidad, de los fantasmas setentudos que rondan sus patios interiores. Sin embargo, parece que las cruces esvásticas con sus espectros ceremoniales no faltan entre sus sombras"


Jaime Rafael Nieto López

Columna Universidad de Antioquia: Verbo y cuchillo


Más allá de todo dolor, nuestra universidad permanece viciosamente cerrada.


Las circunstancias que han llevado al Consejo Académico a 'recomendar' el actual cierre nos dejan el sinsabor de la intolerancia en los eventos del 15 de septiembre, la indiferencia de la mayoría de las y los antioqueños y antioqueñas por su Alma Mater y la impaciencia de los que creemos que una universidad vacía, en silencio y de puertas bloqueadas es una negativa a reconocerla plural, diversa y pública; con lo que se visibiliza el que en la universidad se vienen enfrentando dos modelos culturales disimiles que aun no encuentran alternativas creíbles para un acercamiento dialéctico: Uno, el que la pretende al servicio de la empresa privada, contratada y ordenada para producir y sostener el mundo tal cual está. Otro, el que se reviste de nostalgia para resistir, contra todo pronóstico, los fuertes vendavales del autoritarismo y la verdad única.

Para los seguidores del primer modelo, la universidad cumple un papel valioso en torno a su misión de promover el saber, la ciencia y la tecnología; sin mayor deliberación respecto de a que modelo societal aporta, pues tales construcciones resultan funcionales al dinamismo del sistema capitalista imperante. Por esto, para muchos de ellos lo que ocurre en la universidad no es sino la cooptación de sus espacios y de los ingenuos muchachos tirapiedra por las bandas delincuenciales y los narcotraficantes de la ciudad, promotores del desorden, la venta de drogas, el tráfico ilícito de libros y películas y las ventas informales; situaciones para las que resulta suficiente con irrumpir a la fuerza en el Alma universitaria, bloquear el ingreso de los disfuncionales y promover, como alternativa conciliatoria, una campaña que, aunque bien intencionada, no satisface el tratamiento integral de las complicaciones presentes en este resguardo de la diversidad ni garantiza que, una vez ordenen reabrir sus puertas, la universidad discuta con calma y sosiego sus diferencias y provoque la unidad de los diversos.


Para los que se oponen a meterlo todo en el mismo saco, los del segundo modelo, la universidad es un proyecto societal en el que las lecturas alternativas y la producción del consenso en torno a su misión y sus obligaciones no se reducen a la enunciación criminal de las situaciones que en ella se escenifican ni al encumbramiento de dicho espacio por sobre los problemas cotidianos y estructurales del país, como si los mismos no fueran en ella sino motivo de ejemplo en las diferentes cátedras, anticipaciones nocionales de un mundo aciago por venir. Situados en esta orilla, lo que pasa hoy con la universidad resume las feroces tensiones sociales y políticas que polarizan a unos y otros en el país por la disputa territorial, la inacción estatal, la tolerancia criminal, la connivencia con la ilegalidad, la arbitrariedad policial, el autoritarismo gubernamental, la pasividad societal, la negación y ocultamiento del otro, el cerramiento de lo público, la erosión de lo colectivo, la prisión de la individualidad, los gritos de unanimismo, las batallas de los resistentes, la precariedad en el ingreso, la carencia de alternativas laborales dignas, el desempleo y el incremento de la delincuencia y la criminalidad.

Ante el tamaño de tal desencuentro, la universidad tiene razón al preguntarse si su funcionamiento debe blindarse de prácticas ilegales y ventas informales, tanto como motivar a sus integrantes a comprometerse con el respeto de los principios de liberta de expresión, de investigación, de enseñanza y aprendizaje, rechazando todas las formas que impliquen su vulneración. También por ello la universidad debe ser construida sin ninguna forma de violencia, amenaza o intimidación; ni la del estado ni la de los ciudadanos ni la de los múltiples actores armados y autoritarios oficiales y extraoficiales. Sin lugar a dudas la universidad no puede ser un espacio para promover el tráfico, expendio y consumo de estupefacientes ni debería convertirse en un emporio de ilegalidad.

A todo ello debemos responder sí, con total claridad y sin vacilación; pero, de igual manera, debemos generar las condiciones para consultar y responder si estamos de acuerdo y nos comprometemos a conservar pública la universidad de las y los antioqueños; si en ella opinar y protestar pueden ser considerados o no delitos; si para enfrentar sus problemas el Gobernador y sus cuadros directivos pueden acudir o tolerar la vulneración de sus estatutos y su autonomía, cuando se quiera y por lo que se quiera; si se deben revisar los estamentos estudiantiles para garantizar una mayor vinculación de tal colectivo en las decisiones de importancia;si la universidad debe ponerse al servicio de un proyecto político alternativo que promueva la incidencia ciudadana y la participación; si para cumplir sus objetivos misionales resulta posible que la universidad se venda a postores que constriñan su independencia; si puede darse el lujo la universidad de las y los antioqueños de dejar por fuera de sus aulas a tanta gente cada semestre, sin que aparezcan en el horizonte alternativas más responsables que garanticen el derecho a la educación de quienes no pueden costearlo en universidades privadas.

Seguramente son más las preguntas que deban hacerse a ambos mundos de la vida universitaria; no con la intención de exacerbar sus diferencias sino en el propósito de gestar un modelo de universidad que geste un nuevo país; uno en el que se pueda estar de lado y lado en una mesa en la que la muerte no ronda; en el que se garantice un circuito digno que vincule el estudio, el empleo y el bienestar; en el que la seguridad no signifique la eliminación del opositor ni la connivencia conveniente. Un país en el que, finalmente, la universidad esté a su servicio; no con sus vicios.

sábado, 25 de septiembre de 2010

El problema


¿El problema será que en el Aeropuerto 'vuelan' personas que consumen drogas y jíbaros que las venden?

¿El problema será que hay venteros ambulantes; muchos de ellos estudiantes que se autoemplean?

¿El problema será que la policía debe hacer su trabajo fuera de la universidad; antes de que los delitos se cometan en la universidad?

¿El problema será que se democise marihuana o cocaina en los alrededores de la Universidad y que los narcóticos giran alrededor del claustro antioqueño?

¿El problema será que denominar olla a la Universidad de Antioquia le resulta rentable a algunos?

¿El problema será que el ESMAD necesita una sede cómoda, amplia y bien ventilada como la ciudadela universitaria?

¿El problema será la miopía de los que quieren creer que la Universidad es "una de las plazas de vicio más rentables de la ciudad, si no la más"?

¿El problema será que en la Universidad vendan libros y cd que desconocen derechos de autor?

¿El problema será que, de tanto en tanto, aparezcan encapuchados en medio de una manifestación?

¿El problema será que a la Universidad ingresan extraños?

¿El problema será que la Universidad puede ser cerrada y ni nos inmutamos?

¿El problema será que se cree que una universidad pública cerrada genera orden y seguridad?

¿El problema será que toda forma de protesta tenga que ser contenida y socavada?

¿El problema será que hemos perdido la capacidad de pensar históricamente los problemas de nuestro tiempo?

¿El problema será que la libertad vive entre dilemas irresolubles?

¿El problema será que el proyecto de universidad escrito por el empresariado difícilmente puede producir una sociedad bien ordenada?

¿El problema será que la Universidad Pública no es, simplemente, un bastión mercantilista?Añadir imagen

¿El problema será que una Universidad militarizada no piensa ni deja pensar?

El problema como canta Silvio Rodriguez, "no es despeñarse en abismos de ensueño porque hoy no llegó al futuro sangrado de ayer.El problema no es que el tiempo sentencie extravío cuando hay juventudes soñando desvíos.El problema no es darle un hacha al dolor y hacer leña con todo y la palma. El problema vital es el alma. El problema es de resurrección. El problema, señor,será siempre sembrar amor".

domingo, 12 de septiembre de 2010

¿La dictadura de la inmadurez?







La sociedad occidental se encuentra en un enorme dilema: o reconoce que no tiene idea de cómo enfrentar la educación de sus nuevas generaciones o advierte que dar un paso atrás para encontrar el rumbo podría ser sensato.




Resulta claro que quedaron atrás los tiempos en que la letra con sangre entraba; cuando los castigos físicos, la demonización de la infancia y la arbitrariedad del mundo adulto se imponían sin más a las y los niños y jóvenes, prisioneros por lo mismo de la razón sin razón. Sin embargo, de manera abrupta la sociedad aceptó que las razones podían justificar el comportamiento errático de las y los niños y adolescentes quienes, sorpresivamente, terminaron por imponer en poco tiempo la "dictadura de los inimputables" como la denomina el periodista Saúl Hernández. 


Hoy estamos frente a las evidencias de que, adultos, niños y adolescentes vagamos y dormitamos en el sin sentido en la casa, en la escuela, en la ciudad, en el país y en occidente; como un profeta que no encuentra su voz en medio del desierto. Resulta fundamental, entonces,  hallar un rumbo que conmine a la sociedad occidental a trasladar decisiones al campo de la acción pública, preñado hoy por la vacilación, la indecisión y la impericia.


Nada más imperioso que quienes podemos, nos volquemos a pensar y concretar alternativas ciertas que encaminen nuestro tiempo. Las alertas son inminentes para quienes vivimos en aldeas, pueblos y ciudades en las que los niños y las niñas mueren, son amenazados, pueden morir o matan, se embarazan sin pensarlo ni creerlo,  son adormecidos por los cantos de las mil drogas disponibles, dejan de aprender sin que haya quien pueda enseñarles, se integran a ejércitos de mercenarios o, simplemente, padecen atónitos el desbarajuste que les tocó por suerte; en el que no encuentran y, a veces, ni siquiera buscan, una oportunidad para intentar despertar.


De manera singular, quienes en la escuela estamos en la aventura de construir sentidos en medio del sin sentido, deberíamos promover iniciativas que entusiasmen a nuestros niños, niñas y jóvenes a leer su tiempo de manera diferente; a contracorriente del desgano con el que las y los adultos hemos imaginado y constreñido su mundo y sus posibilidades. Deberíamos haber generado ya los dispositivos que les permitan a nuestros niños, niñas y jóvenes bloquear la capacidad de inacción; la incapacidad de transformar el mundo adulto que les estamos legando. ¿Legando?


Por ello no creo que el asunto sea simplemente endurecer las penas o criminalizar la infancia como alternativa para enfrentar la dictadura de los ininputables. Si bien pueda resultar necesaria una relectura de las construcciones jurídicas para el tratamiento de la violencia delincuencial perpetrada por menores de edad, ello sólo constituye uno de los diversos frentes en los que nuestra sociedad requiere una cirugía de alta precisión y alto costo.


Sumado a ello, considero que se debe incrementar la exigencia a quienes como padres y madres resultan responsables de la crianza y la educación de las y los menores. No podemos contentarnos con el triste espectáculo de ver a los hogares convertidos en circuitos residenciales, sin mayores normas que las gestadas en los estrados judiciales. No veo cómo podamos permanecer optimistas frente a padres y madres convertidos en proveedores de alimentos, vestido y diversiones. Si queremos una plataforma sólida para crecer en libertad, no confundamos a las y los adultos para que permanezcan pasivos ante el grito, la intransigencia, el reclamo agitado, los horarios sin límite y las prácticas sin monitoreo ni orientación que se convierten en ventanas de inseguridad y desprotección del frágil mundo infantil y adolescente. Necesitamos volver a reconocer que hay una edad en la que la adultez opera, de manera dialogante y descentrada, ante el hecho de que no estamos completos ni somos autónomos ni podemos solos con lo que el mundo occidental pone en manos de quienes, hoy; más que vivir su infancia la padecen. Si bien la adultez no representa un mundo entero, es necesario confrontar la vida infante y adolescente desde los referentes de la adultez y viceversa, sin que la vida adulta se atomice y se infantilice, perdiendo su especificidad; al tiempo que asuma con seriedad el hecho de que hemos perdido de vista no sólo qué significa ser adulto sino además cuál es el sentido de la adultez en la vida de niños, niñas y adolescentes.


No podemos contentarnos, tampoco, con la desazón que produce en la escuela la contemplación perpleja de códigos de derechos que no comportan simultáneamente sanciones y penalidades para los pactos de odio, las caricias del desamor, las voces del rencor y otras mil maneras con que los adultos toleran y, no pocas veces,  promueven el comportamiento antisocial en aquellos y aquellas a las que, en la casa como en la escuela, una voz fuerte, una directriz clara y una orden no negociable podría hacer tanto bien y a tiempo, sin que se vean alterados los derechos, la dignidad, la singularidad la diversidad y el respeto por el sujeto adolescente que se cultiva; se hace a valores culturales reinterpretados en la construcción de su subjetividad, en las aulas y en los hogares.


No podemos contentarnos con el patético espectáculo de contar con instituciones públicas que, adoptando el discurso de la libertad y la subjetividad, dejan el problema de la educación, de la orientación, de la formación; perspectivas opuestas y diferentes entre sí, y de la maduración o crecimiento en la autonomía moral del sujeto adolescente en manos de una supuesta sociedad que no existe ni, existiendo, puede hacerlo porque no sabe qué ni cómo ni cuándo hacerlo. Tal como le ocurre al ambiente, necesitamos dejar de producir códigos contaminantes para transitar hacia modelos normativos libres de polución, promotores de armonía y balance entre la vida infante, adolescente yadulta. 


La nuestra es una sociedad en busca de culpa y, por eso, creemos que basta penalizar con mayor dureza al infractor infantil o adolescente para que desaparezca el problema. Con un poco más de cordura, deberíamos advertir sin reato que hemos producido un mundo irresponsable, equivocado e inmaduro, en el que niños y niñas, adolescentes y adultos pervivimos en el mayor de los equívocos posibles, sin atrevernos a contener el aire, abrir los ojos y detenernos un momento, antes que sea irremediablemente insensato seguir andando. 


Por ello, habría que auscultar más allá de la institucionalidad escolar para entender los asuntos intersubjetivos que vinculan a infantes, adolescentes y adultos a la realización de sus propias historias y a la articulación de nuevos referentes de relacionamiento y rumbos alternos para producir tanto la educación como el acompañamiento a la expresión de las tensiones que tal diferencia comporta.


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CuestionP Aportes para una teorìa polìtica de la afrodescendencia por Arleison Arcos Rivas se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 2.5 Colombia.

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